Ensayo sobre la igualdad de género para la clase 9

personas con discapacidad y la igualdad de remuneración para todos en los empleos. El objetivo 9 es sobre la industria, innovación e infraestructura, y este busca la creación de. infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y fomentar la innovación, ENSAYO IGUALDAD DE GÉNERO Y NO DISCRIMINACIÓN AUTOR: ASIGNATURA: IGUALDAD DE GÉNERO Y NO DISCRIMINACIÓN CURSO: PRIMERO PROFESOR: VALENCIA, 18/01/2012 El siguiente ensayo tiene como objetivo abordar el tema de igualdad de género y no discriminación en la sociedad actual, haciendo referencia a la asignatura de primer curso de grado de Trabajo social en la Universidad de Valencia. 3. “La igualdad entre mujeres y hombres es una cuestión de derechos y constituye una condición para el logro de la justicia social, además de ser un requisito previo necesario y fundamental para la igualdad, el desarrollo y la paz.” Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, 1979. La violencia machista, la discriminación de género y los estereotipos de género son temáticas que hoy en día toman un gran protagonismo en los debates de ética y moral social. El teatro también ha aportado muchas opiniones y ha luchado de forma proactiva por la igualdad de género y la mujer empoderada y fuerte. Una forma de evidenciar esta problemtica es gracias a las estadsticas donde la brecha de gnero en la participacin en el mercado laboral continua siendo relevante y las mujeres tienen mayores tasas de desempleo (9,1% las mujeres y 6,3% los hombres) constituyendo ms de la mitad del total de personas desocupadas en la regin. Con el tema de la igualdad de género en Colombia es mucho lo que se predica y poco lo que se practica. Es una realidad visible en el contexto empresarial que las mujeres han ganado un gran espacio en el mundo laboral y que hoy ocupan la mayoría de los cargos de alta gerencia en las empresas; situación que se enriquece y promete un futuro mejor al ver mayoría de mujeres en la universidades ... ENSAYO IGUALDAD DE GÉNERO Y NO DISCRIMINACIÓN AUTOR: ASIGNATURA: IGUALDAD DE GÉNERO Y NO DISCRIMINACIÓN CURSO: PRIMERO PROFESOR: VALENCIA, 18/01/2012 El siguiente ensayo tiene como objetivo abordar el tema de igualdad de género y no discriminación en la sociedad actual, haciendo referencia a la asignatura de primer curso de grado de Trabajo social en la Universidad de Valencia.

Jane Elliot, la maestra que demostró las mentiras de la extrema derecha

2020.02.22 14:35 Subversivo-Maldito Jane Elliot, la maestra que demostró las mentiras de la extrema derecha

Jane Elliot fue profesora estadounidense y experta reconocida a nivel nacional en el ámbito de las relaciones raciales..
1º) En la década de los 60, Estados Unidos estaba inmerso en una crisis social de carácter racial y en 1968 Jane Elliot decidió llevar a cabo un experimento para demostrarle a sus alumnos de primaria (todos infantes blancos de tercer grado) que una diferencia establecida arbitrariamente podría separarlos y enfrentarlos entre sí.
2º) El día después de que mataron a Martin Luther King, los niños de la clase de Jane estaban curiosos acerca de por qué dicho hombre fue asesinado. Elliot aprovechó la oportunidad para realizar su experimento por primera vez. Para ello Jane dividió su clase en dos grupos, un grupo formado por los niños con ojos marrones y el otro formado por los niños de ojos azules.
3º) A continuación les dijo a todos que los niños con ojos azules eran mejores que los de ojos marrones, “son más limpios y más inteligentes» y puso ejemplos de personas importantes de ojos azules, como George Washington, frente otros ejemplos de personas de ojos marrones que habían hecho algo malo.
4º) La maestra les otorgó un collar discriminante a los chicos de ojos azules para que se lo colocaran a los de ojos marrones, que serviría como símbolo para identificarles rápidamente como el grupo discriminado.
5º) Esta separación en el aula rápidamente obtuvo consecuencias y empezaron las peleas entre ambos grupos y las discusiones en clase. Amigos/as de toda la vida se veían ahora enfrentados/as simplemente por el hecho de que les habían dicho que eran diferentes.
6º) Los niños de ojos azules comenzaron a tratar a los de ojos marrones como inferiores, se habían contagiado del espíritu de superioridad y se habían convertido en líderes mientras que los niños del grupo de los ojos marrones comenzaron a tener problemas, dudaban de si mismos, no querían salir a la pizarra…
7º) Más tarde, la profesora invirtió los papeles y los/as niños/as de ojos marrones pasaron a ser los/as superiores/as, en ese momento, este grupo realizó las tareas y los ejercicios de clase bastante más rápido que lo habían hecho el día anterior. Y mucho más rápido que el grupo de ojos azules. Cada grupo había adoptado perfectamente el rol de dominantes y subordinados/as, con los correspondientes estados de ánimo de alegría y tristeza en cada uno de ellos.
8º) Los ensayos de los niños fueron publicados por Asocciated Press. Todo el país se enteró de lo que Jane Elliot había hecho. Algunos la condenaban, otros la invitaban a programas de opinión y la consideraban una heroína. Sin embargo todos los niños que habían participado en el experimento, ahora ya adultos, están agradecidos con ella ya que sus vidas cambiaron para bien poniendo en perspectiva sus perjuicios.
9º) Jane Elliot había conseguido que aquellos niños hicieran una profunda reflexión sobre la igualdad entre las personas ya que les ayudó a saber cómo y por qué se produce la discriminación y se justifica la intolerancia entre grupos sociales.
10º) Elliot lo ha vuelto a realizar muchísimas veces experimentos de este tipo...Siempre se dan resultados variados, muchos individuos se molestan al ser confrontados por sus creencias absurdas, otros quedan agradecidos.
11º) Jane Elliott es un ejemplo de la gran influencia que puede tener un profesor sobre sus alumnos...Y es que las expresiones de odio y discriminación de los adultos actuales, tiene origen en una educación en la que les hicieron creer que eran mejores que otros por aspectos arbitrarios, como el color de piel o el género.
12º) Los experimentos de Jane Elliot son importantes para demostrar lo frágil que puede ser la convivencia y cómo aspectos arbitrarios y poco objetivos pueden enfrentar a amigos, familiares y ciudadanos.
[Fuente: https://spanishrevolution.org/jane-elliot-la-maestra-que-demostro-las-mentiras-de-la-extrema-derecha/?fbclid=IwAR2jYMzJ0DmpcH8wsXV7lJ0WDQn_lSUAQvHjho23TcLnwxQ13yOra59x8ZY]
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2019.07.19 20:35 RadfemXX__ El legado duradero de Florynce Kennedy, luchadora feminista negra

VARIAS DECADAS DESPUÉS de los trastornos políticos de la década de 1960, muy pocas personas reconocen el nombre de la activista y activista feminista negra Florynce "Flo" Kennedy (1916-2000). Sin embargo, durante finales de los años sesenta y setenta, Kennedy fue la feminista negra más conocida del país. Al informar sobre el surgimiento del movimiento de mujeres, los medios de comunicación cubrieron su membresía temprana en la Organización Nacional de Mujeres (NOW), su liderazgo en innumerables protestas en el teatro de guerrillas y su trabajo como abogada ayudando a derogar las leyes restrictivas del aborto en Nueva York. De hecho, la feminista negra Jane Galvin-Lewis y las feministas blancas Gloria Steinem y Ti-Grace Atkinson reconocen a Kennedy por ayudar a educar a una generación de mujeres jóvenes sobre el feminismo en particular y sobre la organización política radical en general.
Sin embargo, el activismo de Kennedy está marginado o completamente borrado de la mayoría de las historias del feminismo de la "segunda ola". Esas raras referencias a Kennedy usualmente la destacan como una de las pocas mujeres negras en el movimiento de mujeres. Kennedy es un ejemplo significativo de la exclusión de los organizadores feministas negros clave de la mayoría de los eruditos feministas en el movimiento: la eliminación de su papel crítico habla de las formas en que la literatura feminista no ha visto a las mujeres negras como progenitoras del feminismo contemporáneo.
En respuesta a tal efecto histórico, este artículo resucita la contribución política de Kennedy al radicalismo de los años sesenta y descubre una política y práctica feminista negra que no solo estaba conectada al movimiento feminista dominante sino que también estaba estrechamente relacionada con la lucha del Poder Negro. Desafía las rígidas dicotomías entre el Poder Negro y los movimientos de mujeres e ilumina la centralidad del feminismo negro y Flo Kennedy para ambos movimientos.
Kennedy afirmó que ella podía "entender mejor el feminismo [y el sexismo] debido a la discriminación contra los negros". Su trabajo en los movimientos negros revela que el movimiento del poder negro es una fuerza significativa en la configuración de las luchas feministas contemporáneas.
La beca del movimiento feminista anterior ignora o subestima las conexiones entre el Poder Negro y las luchas feministas. Los estudios de feministas negras independientes y los movimientos feministas predominantemente blancos citan el aumento de la masculinidad que mantuvo al feminismo y al Poder Negro divididos. No se equivocan al hacerlo, pero posicionar a Black Power como una influencia principalmente antagónica pasa por alto lo que el movimiento podría decirnos sobre cómo las feministas negras y blancas entendieron la liberación y la revolución.
Conectar a las feministas negras y blancas con organizaciones como el Black Panther Party y las Black Power Conferences nos dice mucho sobre cómo las feministas trabajaron para reconstruir la sociedad en la que vivían. Si bien algunos estudios recientes han ayudado a ampliar nuestra comprensión de la relación del movimiento Black Power con el feminismo, todavía hay mucho por entender acerca de las formas en que el movimiento Black Power estuvo conectado al radicalismo feminista. Sostengo que el ejemplo de Kennedy nos obliga a ver cómo las feministas negras y blancas absorbieron las estrategias y teorías que se entendieron que se originaron en las luchas de Black Power.
Florynce Kennedy fue simultáneamente una feminista negra y una activista de Black Power que forjó alianzas entre los movimientos mayormente blancos de feministas y de Black Power durante la posguerra que la historiadora feminista negra Paula Giddings llama la "década masculina".
La década de 1960 fue testigo de un aumento creciente de los llamamientos políticos a la masculinidad negra, ya que muchos radicales del Poder Negro exigieron que las mujeres negras asumieran un papel auxiliar para los hombres negros y dirigieran su energía hacia la familia. Kennedy, como otras feministas negras, criticó estas normas de género anticuadas. A pesar de sus críticas a Black Power y su estrecha relación con la lucha feminista, Kennedy continuó trabajando dentro del movimiento Black Power como abogada y activista.
Muchos defensores de Black Power también criticaron el movimiento de mujeres predominantemente blancas, argumentando que el feminismo era divisivo, racista y una desviación. Los organizadores de Black Power a menudo acusaban a las feministas negras de simplemente imitar las directivas feministas blancas. Sin embargo, Kennedy sostuvo que un movimiento dedicado a terminar con la opresión sexista era vital tanto para las mujeres como para los hombres. Trabajó en organizaciones feministas predominantemente blancas (como NOW y el Movimiento 17 de octubre) durante las décadas de los sesenta y setenta y en organizaciones feministas negras independientes (como la Organización Nacional de Feministas Negras y Mujeres Negras Unidas para la Acción Política) en los años setenta y ochenta.
Años más tarde, Kennedy comentó lo que muchos vieron como la incompatibilidad entre sus diversos lugares políticos, y señaló que a pesar de su estrecha relación con el movimiento feminista y las feministas blancas, los organizadores de Black Power nunca la obligaron a "separarse ... como feminista del movimiento negro". "Esto se debió en parte a que el feminismo que propugnaba estaba profundamente arraigado en las teorías de la lucha del Poder Negro, en particular su compromiso de acabar con la supremacía blanca y el imperialismo.
Además, como muchos otros radicales, veía al movimiento Black Power como el movimiento de vanguardia de la era. Su trabajo dentro de organizaciones feministas blancas enfatizaba el racismo desafiante. Gran parte del activismo y la escritura de Kennedy ejemplifican cómo maniobraba entre lo que la mayoría de los observadores y eruditos contemporáneos ven como movimientos de oposición inherente, en un intento de extender el Poder Negro fuera de los círculos del Poder Negro a espacios principalmente feministas blancos.
La mitad de los años sesenta fue un momento decisivo tanto para el poder negro como para los movimientos de mujeres. Organizaciones de derechos civiles como SNCC y CORE comenzaron a promover estrategias nacionalistas negras. A través de los esfuerzos de estas y otras organizaciones, el movimiento Black Power comenzó a ocupar el escenario nacional y eclipsó al movimiento por los derechos civiles como líder de la lucha por la libertad de los negros.
Este período fue igualmente crucial para el movimiento de mujeres predominantemente blancas. NOW se fundó en 1966, y varios capítulos locales y grupos de estudio y organizaciones de mujeres surgieron en todo el país poco después. El rápido crecimiento de ambos movimientos forzó cambios en la relación entre las organizaciones radicales y liberales de la posguerra: en 1967, tanto las defensoras del poder negro como las feministas intentaban definir nuevas agendas y repensar sus vínculos con la lucha más amplia de la posguerra. Surgieron oportunidades para las alianzas entre los dos.

El radicalismo temprano de Florynce Kennedy

Nacido en 1916 en Kansas City, Missouri, Kennedy fue criada por padres de clase trabajadora que enseñaron a sus hijas a desafiar a la autoridad blanca en todo momento. En 1942, Kennedy se mudó de Kansas City a Nueva York, donde encontró orientación política para las lecciones que había aprendido a los pies de sus padres iconoclastas.
A la edad de 26 años, Kennedy llegó a Nueva York con la esperanza de beneficiarse de las pocas oportunidades de guerra que ahora están abiertas para los afroamericanos y las mujeres. El ambiente intelectual y político de la ciudad era un escape de la monotonía del mercado laboral no calificado de Kansas City, donde ella había trabajado como operadora de ascensores y doméstica. Fue en el medio político y social de la ciudad de Nueva York, mientras estudiaba en la Universidad de Columbia y en su Facultad de Derecho, y luego como una abogada en ciernes, Kennedy alcanzó la madurez política.
Aunque el trabajo y las clases de Kennedy le dejaron poco tiempo para la organización política, aprovechó al máximo las corrientes radicales de Columbia y se inscribió en cursos sobre socialismo y comunismo. También se movió a través de los movimientos sociales de la ciudad, asistiendo a los discursos de Adam Clayton Powell en Harlem y los mítines del candidato presidencial del Partido Progresista Henry Wallace, y leyendo vorazmente literatura antiimperialista y antirracista. La experiencia de Kennedy entre la avalancha de mujeres, en su mayoría blancas, que ingresaron en la Universidad de Columbia durante la Segunda Guerra Mundial, y que no pudieron ser admitidas después de la guerra, la llevaron a conectar la opresión de las mujeres blancas y los negros. Comenzó a ver una alianza de los dos como una fuerza que podría aprovecharse contra la hegemonía masculina blanca.
Cuando Kennedy se graduó de la Escuela de Derecho de Columbia en 1951, se convirtió en una de las pocas mujeres negras que ejercen la abogacía en la ciudad. En 1954, abrió su propia empresa en defensa de los derechos de los artistas negros (como Billie Holiday) que habían sido atacados en función de la importancia política de su trabajo. A principios y mediados de la década de 1960, Kennedy comenzó a trabajar con organizaciones de derechos civiles (los miércoles en Mississippi); organizaciones izquierdistas blancas (Partido Mundial de los Trabajadores); y organizaciones nacionalistas negras (Organización de la Unidad Afroamericana). Publicó una columna semanal en Queens Voice, un periódico local de Black, y presentó "Opinions", un programa político de 30 minutos en la radio WLIB.

El racismo es "mortal": el movimiento del poder negro debería liderar

Mientras Kennedy abogaba por terminar con todas las formas de opresión, en última instancia, creía que el racismo daba forma a las relaciones de poder de los Estados Unidos y, por lo tanto, era la prueba de fuego para la democracia estadounidense. Al igual que los líderes de Black Power y otros radicales negros como Malcolm X, Ella Baker y WEB Dubois, Kennedy creía que el racismo afectaba cada problema social importante: la explotación del trabajo, la vigilancia de las trabajadoras sexuales, el abuso de las minorías sexuales y la opresión de las mujeres. Un grupo.
Con frecuencia, Kennedy utilizó el término "niggerización" como sinónimo de opresión, una estrategia retórica destinada a obligar a las personas oprimidas a comprender cómo se podrían implementar técnicas racistas contra todas las personas oprimidas. Aunque Kennedy entendió que las opresiones estaban interconectadas, argumentó que "el racismo siempre será peor que el sexismo hasta que encontremos feministas baleadas en la cama como [las panteras negras] Mark Clark y Fred Hampton". Y al igual que otros líderes del Poder Negro y algunos izquierdistas blancos, argumentó eso porque los negros comenzaron esta revolución "y pasaron más tiempo en las líneas del frente, el movimiento del Poder Negro tenía un derecho moral al estado de vanguardia dentro de la lucha más amplia.
Aunque Kennedy privilegió los movimientos de liberación negra y la opresión racial, ella aún argumentó que no importaba qué opresión era más letal: todos "dolían como locos". En su opinión, la mejor estrategia era conquistar todas las formas de explotación. Kennedy creía que un ataque constante y constante contra todas las formas de opresión desde una variedad de frentes organizacionales ayudó a acelerar el cambio revolucionario. La teoría de Kennedy sobre la opresión desafiante ayuda a explicar por qué trabajó en una amplia gama de organizaciones y movimientos a lo largo de su carrera política.
Su teoría sobre la opresión desafiante también ayuda a explicar su relación con las organizaciones de izquierdas blancas, específicamente feministas blancas. Mientras trabajaba en espacios de izquierda predominantemente blancos, ella exigió que los activistas blancos se enfocaran en acabar con el racismo y apoyar la lucha del Poder Negro. Con frecuencia instruyó a los radicales blancos sobre la importancia de entender cómo circulan el poder y la fuerza en los Estados Unidos:
"Si pruebas las vallas de esta sociedad y te atreves a influir en la dirección de esta, saben que te refieres a negocios por el grado en que te identificas con la revolución negra ... Si quieres comunicar absolutamente la profundidad de tu determinación de derribar". esta sociedad que está comprometida con el racismo, luego indica la determinación de frustrar el racismo con una coalición con la lucha revolucionaria negra ".

La Conferencia del Poder Negro

Cuando SNCC y CORE comenzaron a popularizar el término "Poder Negro" en 1966, Kennedy dio la bienvenida a las ambiciones de los jóvenes radicales. Esperaba que pudieran aprovechar el potencial revolucionario de la afirmación del Poder Negro de que los negros constituían una sola comunidad dentro de los Estados Unidos y, por lo tanto, tenían derecho a cambiar las relaciones de poder.
Durante la primavera y el verano de 1967, Kennedy asistió a las sesiones de planificación de la Conferencia Black Power celebradas en Newark. Junto a los líderes de Black Power, como Omar Ahmed, Nathan Wright y Amiri Baraka, ella desarrolló talleres, invitó a delegados negros de los Estados Unidos y del extranjero, y ayudó a crear un plan de publicidad.
La rebelión de Newark que se produjo solo días antes de la reunión ayudó a virtualmente triplicar las tiradas de inscripción de la proyección inicial de 400 participantes. Desde el 20 de julio hasta el 24 de julio de 1967, más de 1,000 personas negras acudieron a Newark. La rebelión y los numerosos negros que descendieron en la convención obligaron a los organizadores a utilizar el concepto de Black Power como herramienta para el cambio revolucionario.
Para Kennedy, la conferencia de Newark y las siguientes Conferencias sobre el Poder Negro fueron importantes porque enfatizaron el uso del poder colectivo por parte de los negros para desafiar el racismo y el imperialismo estadounidenses. A través de estas conferencias, Kennedy definió más completamente su pensamiento sobre el poder y la capacidad de las personas oprimidas para usar la fuerza de su grupo. Ella abogó por una forma de pluralismo del Poder Negro representado por líderes tan diversos como Malcolm X (después de su separación de la Nación del Islam), Adam Clayton Powell y Nathan Wright.
Los pluralistas del Poder Negro argumentaron que Estados Unidos estaba monopolizado por el poder blanco, que históricamente había servido para evitar que los afroamericanos se liberaran; para que los negros desafiaran este opresivo monopolio, necesitaban avanzar hacia una posición de fuerza comunitaria. La mayoría de los pluralistas creían que podían transferir su solidaridad racial y su poder al poder de decisión nacional y local. Sostuvieron que, como resultado, los negros, la nación y el mundo se transformarían para mejorar.
Kennedy no atribuyó a ningún otro movimiento tanto potencial para ilustrar las contradicciones de la democracia estadounidense y, por lo tanto, a la hora de articular los principios democráticos no solo para los negros, sino para todos. Al igual que muchos otros radicales, vio el desarrollo del poder chicano, nativo americano y femenino como una consecuencia esperada del énfasis de Black Power en la liberación y la autodeterminación.
Como co-facilitador (junto con Ossie Davis) del taller de medios de la conferencia, Kennedy usó la sesión para discutir estrategias para desafiar a los medios, destacando la importancia de compartir información táctica a través de líneas de movimiento. No mucho después de que comenzara el taller, Kennedy fue interrumpida por una conmoción en la parte posterior de la sala. La reina madre Moore estaba de pie exigiendo que se les pidiera a dos intrusos blancos que estaban sentados en la última fila que se fueran.
Moore, que había fundado el Comité de Reparaciones en 1962, era una voz poderosa en los círculos nacionalistas negros. Su voz bramó por toda la habitación: "¡Estas mujeres blancas tienen que salir! ¡Esta reunión es solo para negros! ”Los activistas sentados en las primeras filas se dieron vuelta para ver a las feministas blancas y miembros de NOW, Ti-Grace Atkinson y Peg Brennan, encogiéndose en sus asientos mientras Moore estaba sobre ellos.
Desde el escenario, Kennedy salió rápidamente en su defensa: “¡Estos son mis invitados! ¡No invito a las personas a algún lugar y luego les digo que se vayan! "Pero a Moore ya los demás asistentes no les importaba a quiénes eran las invitadas, solo querían que salieran. El movimiento del Poder Negro iba a ser diferente a la lucha por los derechos civiles, donde se alentaba directamente la participación de los blancos. En contraste, Black Power promovió la política negra independiente, y la participación de los blancos en la conferencia amenazó con interrumpir este objetivo.
A medida que la discusión entre Kennedy y Moore se intensificó, la sala se tensó y los cuerpos comenzaron a levantarse de sus asientos. Atkinson recuerda a alguien en la multitud que amenaza con matar a Kennedy por traer a las mujeres blancas a la Conferencia del Poder Negro. "Haz lo que tienes que hacer", respondió Kennedy. "He vivido mi vida".
Otro invitado no deseado en la sala escapó de la indignación centrada en Atkinson y Brennan. El agente del FBI que monitoreaba a Kennedy en la conferencia notó cómo se hizo más fuerte y más beligerante mientras "dirigía la blasfemia contra los negros presentes, y se negó a pedirle a los blancos presentes que se fueran".
Temerosa de lo que podría suceder a continuación, Brennan "salió de allí rápido". Cuando Kennedy vio que Brennan se iba, le ordenó a Atkinson que "se quedara donde está". Temblorosa, Atkinson se congeló, sin atreverse a abandonar su silla. Para su sorpresa, Moore y sus partidarios finalmente cedieron. Kennedy y los otros facilitadores regresaron a sus presentaciones con Atkinson escuchando en silencio, mirándose los pies.
Años más tarde, Atkinson describió su decisión de asistir a la conferencia como "loca". Sin embargo, ella estaba profundamente agradecida por la oportunidad que Kennedy le brindó para presenciar el movimiento del Poder Negro durante sus años de formación. Escuchar a activistas negros trazar estrategias y formular resoluciones de talleres "transformó" su creciente política feminista. Atkinson comentó:
“Ella siempre estaba tratando de unirlo y [tengo que decirlo] de muchas maneras, tal vez fue una mala idea, torpe o difícil. Pero, es por eso que personas como yo realmente se transformaron no solo en términos de política en general, sino a causa de mi feminismo. Profundizó todo ".
Kennedy comenzó a ayudar a las feministas blancas a aprender del movimiento Black Power cuando se unió al capítulo de NOW en Nueva York solo ocho meses antes de la Conferencia de Black Power. Con frecuencia invitó a jóvenes feministas como Atkinson, Brennan y Anselma Dell'Olio a Black Power y a las reuniones y marchas en contra de la guerra de Vietnam.
Atkinson recuerda cómo Kennedy quería que las jóvenes feministas fueran testigos de "un grupo de personas en transición y en evolución". La confrontación en el taller de la conferencia revela mucho sobre el valor que Kennedy asignó a las feministas blancas que aprenden de la lucha del Poder Negro y se convierten en un brazo adicional. En la batalla por derrotar al estado represivo.

“Estábamos observando y copiamos”

Solo unas pocas semanas después, Kennedy y otros delegados de Black Power Conference asistieron a la primera convención de la Conferencia Nacional para Nuevas Políticas (NCNP) en Chicago del 31 de agosto de 1967 al 1 de septiembre de 1967. Los organizadores blancos de la conferencia especialmente esperaban que la reunión Uniría el poder negro y los movimientos de derechos civiles con los liberales blancos y los movimientos de paz radicales.
Frustrados por el hecho de que la conferencia no incluyera a los negros en la etapa inicial de planificación, algunos delegados negros salieron y anunciaron su propia convención. La mayoría, quienes se quedaron, formaron su propio Black Caucus y exigieron apoyo para las resoluciones de la Conferencia de Newark, la organización de comités de "civilización blanca" en comunidades blancas para eliminar el racismo, apoyo para todas las guerras de liberación nacional en todo el mundo y 50% de poder de voto en todos. comités
Si bien muchos organizadores blancos apoyaron estas demandas, surgió un gran debate sobre la provisión del 50%, dado que los negros conformaban solo el 15-20% de los delegados. La mayoría de los reporteros de noticias y algunos izquierdistas blancos consideraron que la aceptación de las demandas les da a los negros una ventaja injusta y antidemocrática. Sin embargo, para los conferenciantes del Black Caucus, era importante que las personas negras que lucharon en las líneas del frente y enfrentaran la peor parte de los ataques del estado recibieran un poder significativo en el liderazgo del movimiento.
En un ensayo publicado en Islamic Press International News Gram, Kennedy desafió a los "delegados disidentes" ya los reporteros que argumentaron que dar a los negros el 50% de los votos significaba que los activistas blancos tenían "lamer las botas", afirmando que "la gente blanca no "No se lame las botas cuando hacen una buena alianza, señor racista". El "ascenso constructivo del poder negro puede ser la única esperanza que tiene Estados Unidos", explicó. Los organizadores como Kennedy, Jim Forman y H. Rap ​​Brown querían que la izquierda blanca entendiera que para ser aliados efectivos antirracistas, los activistas blancos en el NCNP tenían que comprender la importancia de la autodeterminación negra.
La protesta del Black Caucus proporcionó un marco para que las feministas entendieran cómo organizarse por separado, inspirando a las mujeres a crear su propia agenda que desafiara la hegemonía del liderazgo masculino, tanto en la convención como en el nuevo movimiento de izquierda en general.
Participantes como Kennedy, Jane Adams (SDS), Shulamith Firestone, Ti-Grace Atkinson y Jo Freeman (SCLC) habían participado activamente en organizaciones o grupos de estudio que discutían la liberación de las mujeres y que a menudo también trabajaban en derechos civiles y / o nuevos movimientos de izquierda. La mayoría de estas mujeres asistieron al Taller de Mujeres de NCNP. Sin embargo, algunos sintieron que sus líderes se enfocaron más en desafiar la guerra que en enfrentar la opresión sexista.
Según Freeman, ella y Firestone se quedaron despiertos toda la noche, creando nuevas resoluciones que tomaron una postura más directa contra la opresión de las mujeres. Siguiendo el ejemplo del Black Caucus, exigieron el 51% de los votos de la convención, argumentando que las mujeres representaban el 51% de la población. También insistieron en que la convención apoya la igualdad total de las mujeres en la educación y el empleo, condena a los medios de comunicación masivos por perpetuar los estereotipos de las mujeres, se une a varias luchas de liberación y reconoce que la mayoría de las mujeres negras están doblemente oprimidas.
Las mujeres amenazaron con atar la conferencia con mociones de procedimiento si sus resoluciones no se debatían en el piso de la convención. Los organizadores de la conferencia finalmente concedieron y agregaron las resoluciones de las mujeres a la agenda. Sin embargo, William Pepper, director ejecutivo de NCNP, despidió rápidamente a las mujeres cuando llegó el momento de leer sus resoluciones.
Frustradas, varias mujeres corrieron hacia el micrófono e intentaron hacer oír sus resoluciones. En un movimiento infame, Pepper le dio a "Shulie [Firestone] una palmadita en la cabeza y dijo: 'Muévete, niña, tenemos más temas importantes que hablar aquí que la Liberación de la Mujer'". Este incidente vino a representar la "génesis" del radical. Movimiento de liberación predominantemente de mujeres blancas.
Kennedy había acogido con satisfacción la creación de un Taller para Mujeres e insistió en que la opresión de las mujeres se abordara en el piso de la convención. De hecho, al mismo tiempo que Freeman y Firestone escribían sus resoluciones, Kennedy estaba en su habitación de hotel entrenando a Atkinson para que escribiera y difundiera una declaración que abordara las conexiones entre sexismo, racismo e imperialismo. Cada noche, Kennedy regresaba a la habitación y compartía sus experiencias con Black Caucus con Atkinson y otras feministas blancas de NOW. Atkinson notó que Kennedy tenía una "profunda ... influencia ... en algunos de nosotros ... estábamos observando y copiamos" la estrategia del Black Caucus.
Años después, Atkinson y Brennan recordaron que Kennedy les ayudó a comprender la importancia de apoyar a otros movimientos sociales como parte de su política feminista. Atkinson describió cómo Kennedy impulsó a las feministas blancas a apoyar los movimientos negros porque para "Flo, [fue] fue realmente fundamental ... expandir la comprensión y el apoyo".
Kennedy vio la organización feminista en la conferencia como el tipo de préstamo práctico de tácticas de movimiento que debían llevarse a cabo entre los organizadores. Tanto Kennedy como Atkinson esperaban que las participantes (en su mayoría blancas) del Taller para Mujeres siguieran luchando para acabar con el racismo, el sexismo y el imperialismo después de abandonar la conferencia.
La declaración que Kennedy dirigió a Atkinson para escribir enfatizó las luchas que los negros estaban librando en la conferencia y en todo el país, describiendo la opresión racial como el problema más "justificable de inmediato". Pero la declaración fue un paso más allá al argumentar que "la discriminación contra los negros debería recordarnos la discriminación que afecta a las mujeres".
Usando estadísticas de la declaración de propósitos de NOW, Atkinson y Kennedy descartaron la idea popular de que las mujeres no eran un grupo oprimido. Instaron a las participantes del Taller de Mujeres a seguir el liderazgo del Caucus Negro y presionar por su propia liberación.
A través de una lista detallada de sugerencias para la "acción inmediata", Atkinson y Kennedy enfatizaron las conexiones entre la opresión específica de las mujeres y la responsabilidad de las mujeres de apoyar a los movimientos sociales en general. Llamaron especialmente la atención sobre el hecho de que las mujeres no eran solo blancas. La declaración también repitió los puntos de Kennedy de que las mujeres deberían entender su "poder de compra" como consumidoras y "hacer cumplir sus demandas sobre los medios de comunicación, las empresas y el gobierno irresponsables"; participar en todas las actividades que afectan a la comunidad; y “asumir el liderazgo en autodeterminación para mujeres y niños”.
Sin embargo, fue una de las últimas sugerencias que subrayó más plenamente la comprensión de Kennedy sobre las formas en que las mujeres blancas deberían participar en la organización feminista. Como mantuvieron las feministas, sostuvo Kennedy, su política exigía que fueran tanto antirracistas como antiimperialistas, y que estuvieran firmemente unidas con estas luchas:
“Las mujeres de la Nueva Política deben asumir su responsabilidad política apoyando activamente las protestas como las que se oponen al proyecto y las de las comunidades negras. Este apoyo se debe demostrar activamente mediante la protesta contra las actividades policiales delictivas y la comparecencia en los procedimientos de la sala de tribunal [sic] que involucran a los defensores del proyecto, los manifestantes negros o los acusados. Las mujeres deben aumentar su apoyo a quienes soportan la carga real de sus compromisos morales declarados ".
Con el cierre del NCNP, Kennedy regresó a Nueva York, donde continuaría vinculando el feminismo, el antirracismo y el antiimperialismo como miembro de NOW.

AHORA y el poder negro

Aunque NOW se fundó en Washington, DC en 1966, el capítulo de Nueva York fundado en enero de 1967 se convirtió rápidamente en el ala más grande y activa. Kennedy junto con las feministas negras Shirley Chisholm y Pauli Murray y las feministas blancas Kate Millet y la presidenta nacional de NOW, Betty Friedan, fueron todas las primeras miembros de NOW.
Kennedy se unió al grupo con el objetivo de trabajar con mujeres y hombres en temas que afectan a todas las mujeres. Para ella, eso significaba no solo desafiar la discriminación sexista en el trabajo y las leyes reproductivas represivas, sino también protestar por la guerra de Vietnam y luchar por la liberación de los negros. Estaba especialmente centrada en las feministas blancas que apoyaban el movimiento Black Power.
Tanto Kennedy como Atkinson se inspiraron en el éxito del Black Caucus al aprobar sus resoluciones en el NCNP y querían continuar la discusión de la conferencia sobre Black Power en casa. Con esto en mente, Atkinson sugirió que se realice un panel en la reunión de AHORA en noviembre para discutir la relación de Black Power con el movimiento de mujeres. Kennedy y Atkinson invitaron a los organizadores de la Conferencia Newark Black Power, Nathan Wright y Omar Ahmed, así como a Betty Shabazz y una delegada del Comité Negro de NCNP, Verta Mae Smart-Grosvenor.
Las actas del capítulo de la reunión brindan ideas extrañas sobre lo que algunas feministas blancas sacaron de la discusión. Junto al nombre de cada orador, la secretaria de NOW describió brevemente la afiliación del orador al movimiento Black Power y registró las impresiones generales de su presentación. Para el líder de Black Power, Nathan Wright, ella escribió burlonamente lo que creía que era la suma total de su charla: "¡Tú me estás presionando!"
La mímica bastarda del dialecto negro ilustra las maneras desdeñosas en que algunas feministas blancas vieron a Black Power y sus preocupaciones, al no desafiar su propio racismo. Además, proporciona información sobre la cultura organizativa represiva de NOW y las luchas de poder interpersonales y racistas que plagarían a la organización.
Aunque el liderazgo de NOW no estaba interesado en el panel de "Poder Negro y Mujeres", Friedan todavía esperaba que Atkinson pudiera ser un activo para la junta directiva del grupo. Ella veía a Atkinson como un protegido que eventualmente superaría su curiosidad sobre el Poder Negro y el radicalismo de los sesenta que Kennedy había provocado. Friedan confiaba en que el "acento de la línea principal y el buen aspecto rubio de Atkinson sería perfecto ... para recaudar dinero" de otras mujeres blancas. Con estas esperanzas en mente, Friedan votó por Atkinson para asumir la presidencia del capítulo de AHORA en Nueva York.
No pasó mucho tiempo antes de que ella lamentara su decisión. En unos meses, Friedan se cansó de los continuos intentos de Kennedy y Atkinson de radicalizarse AHORA. Ella vio la fascinación de Atkinson por el radicalismo militante como un obstáculo potencial para el crecimiento del movimiento feminista y también fue muy crítica con el nuevo movimiento de liberación de las mujeres.
Para el verano de 1968, grupos como New York Radical Women y Cell 16 organizaban protestas y grupos de estudio desafiando las ideas tradicionales sobre la condición de mujer. Friedan creía que estas mujeres "hippies" tomaban prestados demasiado del Poder Negro y los nuevos movimientos de izquierda y "debido a que habían cortado sus ojos políticos sobre las doctrinas de la guerra de clases aplicadas al problema de la raza, trataron de adaptar demasiado literalmente la ideología de Guerra de clases y raza a las situaciones de las mujeres ".
Así, según Friedan, las feministas radicales como Atkinson socavaron el movimiento de mujeres con sus ideas abstractas del separatismo de las mujeres, "manhat" y "guerra sexual". Esta insistencia en dividir las preocupaciones feministas "legítimas" del interés de las feministas radicales en el Poder Negro y la nueva El radicalismo de izquierda plagó el capítulo de Nueva York AHORA. El conflicto llegó a un punto crítico durante la reunión de miembros del 17 de octubre de 1968.

Formando el movimiento del 17 de octubre

La tensión entre el liderazgo nacional de NOW y las feministas radicales en el capítulo de Nueva York había crecido constantemente desde el panel "Black Power and Women". Se agudizó después de que Atkinson y Kennedy tomaron la causa de Valerie Solanas. Solanas fue la autora del Manifiesto de SCUM [Sociedad para Cortar Hombres] y le disparó a Andy Warhol porque ella afirmó que la había estafado.
Ese verano Kennedy accedió a representar a Solanas. Ella y Atkinson intentaron pintar a Solanas como una feminista radical que tomaba las armas contra la opresión sexista. Friedan estaba enfurecido de que ellas y otras feministas de NOW se estaban alineando con esta causa o con el radicalismo en general.
Mientras tanto, las feministas más radicales de NOW estaban discutiendo formas de transformar la organización para que luchara no solo por "poner a las mujeres en posiciones de poder" sino por "destruir las posiciones de poder". Friedan trató de evitar que los "locos" tomen el control La organización votando en contra de la reelección de Atkinson a la presidencia.
Friedan creía que Atkinson sabía que no la reelegirían, y que, en un esfuerzo por frustrar lo inevitable, "presentó una propuesta para abolir el cargo de presidente y la elección democrática de oficiales ... que permitiría a los 'locos' hacerse cargo y manipular las decisiones, sin rendir cuentas a la membresía ”. Atkinson, por otro lado, recordó su propuesta de reestructurar la presidencia como un esfuerzo para ayudar a AHORA a ser más eficiente y para mantener el ritmo del modelo participativo de liderazgo que era una filosofía común que circulaba En negro y nuevos movimientos de izquierda.
Unos días antes de la reunión de miembros de NOW, un pequeño grupo de feministas radicales se reunieron en el departamento de Atkinson para discutir cómo podrían impulsar al capítulo en una nueva dirección y resolver el creciente faccionalismo. Algunas de las mujeres incluso amenazaron con abandonar la organización si no aprobaban su moción de presidentes rotativos.
En el día de la reunión de miembros, Atkinson permaneció en silencio mientras Kennedy y otros "instaron a un experimento en democracia participativa". Kennedy recuerda que la discusión fue muy polémica cuando algunos de los líderes de NOW comenzaron una letanía de "abucheos y silbidos" como las feministas radicales. Presentaron sus ideas. No en vano, la moción para crear una presidencia rotativa fue derrotada.
Atkinson abandonó la reunión suponiendo que sus compañeras feministas cumplirían su amenaza original de renunciar. Ella fue a su casa y escribió una carta para renunciar a NOW y un comunicado de prensa que criticaba a NOW por "abogar por la jerarquía de oficinas" y por no entender que "la lucha contra las relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres exige luchar contra el poder desigual en todas partes". Pronto se dio cuenta de que "Fue el único que renunció". Atkinson recordó que Friedan estaba "conmocionado porque ... [ella] pensó que todas las mujeres jóvenes se iban a ir con [yo]". Alentada por este descubrimiento, Friedan procedió a hacer declaraciones públicas que describían cómo Atkinson se fue ahora solo.
Kennedy nunca había prometido irse AHORA si la votación era derrotada. Tenía la intención de quedarse aunque no estaba satisfecha con el resultado de la reunión. Pero una vez que Friedan publicó declaraciones que ridiculizaban a Atkinson como marginal e insignificante para el movimiento de mujeres, ella cambió su curso y renunció de inmediato. "Vi la importancia de un movimiento feminista", dice, "y me quedé allí porque quería hacer todo lo posible para mantenerlo vivo, pero cuando vi lo retardado que era AHORA, pensé: 'mi Dios, quién necesita ¿esta?'"
La carta de renuncia de Kennedy enumera muchas razones para abandonar AHORA, en particular el hostigamiento de las feministas radicales que intentaron empujar a la organización en una dirección más progresista. Kennedy estaba indignada por el racismo de Friedan y su fracaso en apoyar la liberación de los negros y los movimientos contra la guerra. Kennedy sostuvo que ella no era el tipo de activista que luchó por el control de una organización y en momentos como estos, recordó haber pensado: "No puedo perder mi tiempo en esta mierda" y, a menudo, se fue y estableció una [nueva ] comité ".
Atkinson y Kennedy fueron los únicos dos miembros que renunciaron oficialmente a NOW, formando un nuevo grupo feminista radical, el Movimiento 17 de Octubre (llamado así por el día que Atkinson se fue AHORA). La historia del Movimiento 17 de octubre ocupa un lugar destacado en el nacimiento de la lucha feminista radical predominantemente blanca y se cita comúnmente como un ejemplo de la división entre el feminismo liberal y radical, o entre las generaciones mayores y más jóvenes de feministas blancas.
Falta de esta historia que a menudo se cuenta es la centralidad de la feminista negra Flo Kennedy y su liderazgo para ayudar a las jóvenes feministas a adoptar una visión más amplia del feminismo. De hecho, el Movimiento 17 de octubre reflejó la preocupación de Kennedy de que el movimiento feminista se concentre en las conexiones entre sexismo, imperialismo y racismo. Atkinson a menudo describió el Movimiento 17 de octubre como "una coalición de acción del movimiento estudiantil, el movimiento de mujeres y el movimiento negro" y decidió acabar con todas las formas de opresión.
Si bien el fracaso de NOW en ver el feminismo en términos más integrales ayudó a impulsar la creación del Movimiento 17 de octubre y el feminismo radical, Kennedy se mantuvo firme en el otro extremo, ayudando a empujar a las jóvenes feministas blancas hacia una praxis feminista negra interseccional que centraba la atención en Black Power. .
La historia de cómo Black Power y Flo Kennedy influyeron directamente en el movimiento feminista radical en su mayoría blanco nos ayuda a mover el feminismo negro y Black Power fuera de los márgenes de la segunda ola de la historia del movimiento feminista y acercarnos a su centro. Mientras que el Movimiento 17 de octubre cambiaría su nombre a The Feminist y perdería gran parte de su agenda ideológica antirracista, y por lo tanto todos sus miembros negros, sus orígenes ofrecen una ventana a un momento en que las feministas blancas radicales intentaron crear una feminista negra. praxis interseccional.
Como fundadora del movimiento feminista radical, Kennedy insistió en que el movimiento está a la altura de su título "radical" al mirar más allá de un enfoque limitado en la opresión de las mujeres blancas. Su historia también demuestra que si bien los movimientos y las organizaciones de los años sesenta a menudo levantaban muros, esos límites (especialmente durante el período incipiente) eran mucho más porosos de lo que los estudiosos han reconocido previamente.
Florynce Kennedy fue una fuerza importante en la fertilización cruzada de ideas de movimiento y la forja de importantes alianzas políticas. Ella entendió que "si estás luchando por la Liberación de la Mujer o ... la Liberación Negra, estás luchando contra los mismos enemigos". Su objetivo final era que las organizaciones y los activistas se enfocaran en derrotar lo que ella argumentaba que era el verdadero opresor: "el genocida sexista racista". establecimiento."
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2018.06.02 01:04 alforo_ Municipalismo radical: el futuro que merecemos

Sólo una confederación global de ciudades rebeldes nos puede llevar hacia una nueva sociedad racional que cumpla la promesa de una sociedad más humanitaria
Soy hija de dos municipalistas veteranos. Mi madre, Beatrice Bookchin, se presentó a las elecciones del ayuntamiento de Burlington, en el estado de Vermont, hace treinta años, en 1987. Era miembro de una plataforma expresamente municipalista que pretendía construir una ciudad ecológica, una economía ética y, sobre todo, asambleas ciudadanas que cuestionaran el poder del estado nación. Mi padre es el teórico social y municipalista libertario Murray Bookchin.
Durante muchos años, la izquierda ha debatido sobre el modo de llevar a cabo nuestras ideas de igualdad, justicia económica y derechos humanos. En ese sentido, la carrera política de mi padre ilustra el razonamiento que quiero desarrollar: que el municipalismo no es solo una de las muchas maneras de hacer efectivo el cambio social, sino que es la única manera de transformar la sociedad con éxito. Tras una juventud comunista y con una educación esencialmente marxista, mi padre tuvo un dilema con los modos de pensar economicistas y reduccionistas que históricamente habían impregnado la izquierda marxista. Mi padre buscaba una idea de libertad más amplia, no sólo la liberación de una explotación económica, sino una libertad que se despojara de toda forma de opresión: de raza, clase, género, u origen étnico.
Al mismo tiempo, a principios de los años ‘60, Murray era cada vez más consciente de que el capitalismo avanzaba hacia un choque con el mundo natural. Pensaba que no se pueden abordar los problemas medioambientales a salto de mata: tan pronto protegiendo bosques de secuoyas un día como oponiéndose a una planta nuclear al día siguiente, porque la estabilidad ecológica estaba siendo atacada por el capitalismo. Es decir, la razón del beneficio económico, la filosofía del ‘crece o muere’ del capitalismo, es absolutamente contraria a la estabilidad ecológica del planeta.
Así que empezó a elaborar el concepto que él denominaba “ecología social”, que parte de la premisa de que todos los problemas ecológicos son problemas sociales. Murray opinaba que, para reconducir nuestra devastadora relación con el mundo natural, debemos cambiar las relaciones sociales desde su núcleo. No sólo debemos acabar con la opresión de clase, sino que también debemos poner fin a la dominación y a las jerarquías en todos los niveles, ya sea la dominación de hombres sobre mujeres, de heteros sobre lesbianas, gais y personas transgénero, de personas blancas sobre personas de color, o de los mayores sobre los jóvenes.
La pregunta para él era: ¿Cómo construimos una nueva sociedad igualitaria? ¿Qué tipo de organización social alternativa puede crear una sociedad en la que seres humanos verdaderamente liberados puedan prosperar y que, al mismo tiempo, cure nuestra ruptura con el mundo natural? Realmente la pregunta es: ¿qué tipo de organización política es la que puede cuestionar el poder del Estado? Y así, a finales de los años ‘60, Murray empezó a escribir sobre una forma de organización a la que denominó municipalismo libertario. Él creía que el municipalismo ofrecía una salida al punto muerto entre las tradiciones marxista y anarquista.
El municipalismo rechaza tomar el poder del Estado, que tras las experiencias del siglo XX todos sabemos que es una causa perdida, ya que el Estado -sea capitalista o socialista- y su burocracia sin rostro nunca son de veras responsables ante el pueblo. Al mismo tiempo, los activistas deben reconocer que no conseguiremos el cambio social simplemente llevando nuestras reclamaciones a las calles. Las acampadas y manifestaciones multitudinarias pueden desafiar la autoridad del Estado, pero no han logrado usurpársela. Aquellos que participan sólo en políticas de protesta o se organizan en los márgenes de la sociedad tienen que ser conscientes de que siempre habrá poder: este no se desvanece sin más. La pregunta es en manos de quién recae el poder: en la autoridad centralizada del Estado, o en el nivel local con el pueblo.
Es cada vez más evidente que nunca lograremos el cambio social radical y tan desesperadamente necesario yendo simplemente a las urnas. El cambio social no se producirá por votar al candidato que nos promete un sueldo mínimo de 15 dólares la hora, educación gratuita y baja por motivos familiares u ofrece lugares comunes sobre la justicia social. Cuando nos limitamos a votar al menos malo, conformándonos con las migajas que nos deja la socialdemocracia, somos cómplices y apoyamos la misma estructura centralizada que ha sido diseñada para mantenernos subyugados para siempre.
Al mismo tiempo, aunque muchas veces ignorada por la izquierda, hay una rica historia de democracia directa, política radical y autogobierno ciudadano: desde la antigua Atenas a la Comuna de París, desde las colectividades anarquistas de la España de 1936 a Chiapas (México), desde Barcelona y otras ciudades y pueblos españoles en los últimos años hasta Rojava, en el norte de Siria, donde el pueblo kurdo ha implementado un proyecto de autogobierno profundamente democrático, sin precedentes en Medio Oriente.
Una política municipalista es mucho más que impulsar una agenda progresista en el ayuntamiento, por importante que esto pueda ser. El municipalismo -o comunalismo, como mi padre lo llamaba- es un retorno a la política en su definición original, como un llamamiento moral basado en la racionalidad, la comunidad, la creatividad, la libre asociación y la libertad. Es una visión profundamente articulada de una democracia descentralizada y asamblearia, en la que las personas actúan unidas para diseñar un futuro racional. En un momento en el que los derechos humanos, la democracia y el bien público son atacados por gobiernos estatales cada vez más nacionalistas, autoritarios y centralizados, el municipalismo nos permite reclamar la esfera pública para el ejercicio de la ciudadanía y la libertad auténticas.
El municipalismo exige que devolvamos el poder a los ciudadanos de a pie, que reinventemos lo que significa hacer política y lo que significa ser ciudadano. La política real es lo contrario a la política parlamentaria. Comienza en la base, en las asambleas locales. Es transparente, con candidatos 100% responsables ante sus organizaciones vecinales, candidatos que son delegados más que representantes entregados al tejemaneje. Celebra el poder de las asambleas locales de transformar, y de ser transformadas, por una ciudadanía cada vez más informada. Y es festivo: en el mismo acto de hacer política nos convertimos en nuevos seres humanos, construimos una alternativa a la modernidad capitalista.
El municipalismo pregunta: ¿Qué significa ser un ser humano? ¿Qué significa vivir en libertad? ¿Cómo organizamos la sociedad de manera que promueva el apoyo mutuo, el cuidado y la cooperación? Estas preguntas y las políticas que se derivan de ellas llevan consigo un imperativo ético: vivir en armonía con el mundo natural para evitar destruir la base ecológica de la vida misma, y al mismo tiempo maximizar la libertad y la igualdad humanas.
La buena noticia es que la política se hace cada vez más visible en movimientos horizontales alrededor del mundo. En las fábricas recuperadas de Argentina, en las guerras del agua de Bolivia, en los ayuntamientos vecinales que han surgido en Italia, donde el gobierno se mostró inútil ante las necesidades de los municipios gravemente afectados por las inundaciones, una y otra vez vemos gente organizándose a nivel local para tomar el poder, para de hecho construir un contrapoder que reta a la autoridad y el poder del estado nación. Estos movimientos están tomando la idea de democracia y expresándola en su máximo potencial, creando una política que es fiel a las necesidades humanas, que promueve el compartir y la cooperación, el apoyo mutuo y la solidaridad, y que reconoce que las mujeres deben tomar posiciones de liderazgo.
Lograr esto significa llevar nuestra política a todos los rincones de nuestros barrios, haciendo lo que los conservadores de todo el mundo han hecho con tanto éxito en las últimas décadas: presentar candidatos a nivel municipal. También significa crear un programa mínimo -como acabar con los desahucios, poner fin al aumento de los alquileres y la desestabilización de nuestros barrios a causa de la gentrificación- pero también desarrollar un programa máximo en el que reconsideremos lo que la sociedad podría ser si pudiéramos construir una economía solidaria, aprovechar las nuevas tecnologías y expandir el potencial de cada ser humano para vivir en libertad y ejercer sus derechos civiles como miembro de comunidades prósperas y verdaderamente democráticas.
El siguiente paso es confederarnos, trabajar más allá de las fronteras estatales y nacionales en el desarrollo de programas que aborden cuestiones regionales e incluso internacionales. Esta es una respuesta importante a aquellos que dicen que no seremos capaces de resolver grandes problemas transnacionales actuando de manera local. De hecho, es precisamente a nivel local donde estos problemas se están resolviendo día tras día. Incluso grandes desafíos como el cambio climático se pueden gestionar a través de confederaciones de comunidades que envíen delegados a tratar asuntos regionales y globales. Necesitamos crear instituciones políticas permanentes a nivel local, no simplemente mediante líderes políticos que articulen una agenda de justicia social, sino mediante instituciones que sean directamente democráticas, igualitarias, transparentes, totalmente responsables, anticapitalistas, con conciencia ecológica y que den voz a las aspiraciones de las personas. Requerirá tiempo y educación la formación de asambleas municipales como un poder que contrarreste el poder del estado nación, pero es nuestra única esperanza de convertirnos en los nuevos seres humanos necesarios para crear una nueva sociedad.
Este es nuestro momento. Alrededor del mundo las personas no quieren sólo sobrevivir, sino vivir. Si queremos transitar desde la espiral mortal que décadas de neoliberalismo nos han impuesto hasta una nueva sociedad racional que cumpla la promesa de una sociedad más humanitaria, debemos crear una red global de ciudades y pueblos audaces. No merecemos menos.
Debbie Bookchin escritora, periodista laureada y coeditora de The Next Revolution: Popular Assemblies and the Promise of Direct Democracy (Verso, 2014), una colección de ensayos de Murray Bookchin.
Fuente original: http://roarmag.org/magazine/debbie-bookchin-municipalism-rebel-cities/ Traducción: ADELA BRIANSÓ JUNQUERA
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2017.02.10 08:35 kilovatio ¿Gramsci o Laclau? Los dilemas de Podemos

¿Gramsci o Laclau? Los dilemas de Podemos
Carlo Formenti
Grecia ha demostrado que el objetivo de reconquistar la soberanía popular en democracia, bienestar y política económica no es compatible con la permanencia en la UE
Dentro de unos días en la plaza de toros cubierta de Vistalegre (Madrid), Podemos celebrará su segunda asamblea general, un evento que podría representar un giro importante en la vida de esta formación política que representa al día de hoy la única izquierda del Viejo Continente en condiciones de competir de igual a igual con el establishment neoliberal. En mi último libro (“La variante populista”, DeriveApprodi, 2016) he señalado en Podemos el ejemplo europeo más importante (comparándolo con las revoluciones bolivarianas en América Latina y con el movimiento nacido alrededor de la candidatura de Sanders en los Estados Unidos) del intento de cabalgar desde la izquierda la ola populista que se está levantando en todo el mundo como reacción a las devastaciones sociales, civiles y económicas provocadas por décadas de régimen neoliberal. Antes de analizar las opciones estratégicas que se confrontarán en Vistalegre –intentaré hacerlo cotejando los documentos programáticos presentados respectivamente, por el secretario general Pablo Iglesias y por su competidor Iñigo Errejón– es útil realizar algunas consideraciones sintéticas referidas a la mutación del escenario mundial actualmente en curso (marcado, entre otros acontecimientos, por el Brexit, la elección de Trump y por la derrota de Renzi en el referéndum del pasado diciembre) y a los desafíos que eso impone a todos los movimientos antineoliberales de todo el mundo.
El presupuesto del que parto es que estamos viviendo la fase inicial de un rápido y caótico proceso de des-globalización. No tengo aquí el espacio para argumentar de forma adecuada tal tesis, por lo cual me limito a enunciarla en modo apodíctico haciendo referencia al artículo del vicepresidente boliviano Linera, que ya he comentado en estas páginas. En ese texto Linera escribía, entre otras cosas, que Trump “no es el verdugo de la ideología triunfalista de la libre empresa, sino más bien el médico forense al que le toca oficializar una muerte clandestina”. Clandestina, añado yo, gracias a la obtusa insistencia con la que las izquierdas se obstinan a no tomar nota. Y añadía que la era en la que estamos ingresando es rica de incertidumbres, y, justo por esta razón, potencialmente fértil, si sabemos navegar en el caos generado por la muerte de las narraciones pasadas.
En la misma longitud de onda, merece la pena señalar un largo, notable artículo firmado Piotr publicado en la web megachip que mantiene, entre otras cuestiones: 1) que Trump no representa solo un electorado compuesto por perdedores de la globalización (parados, trabajadores blancos pobres, etc.) sino también un múltiple mosaico de fragmentos de las élites dominantes asustadas por la inercia de una política neocons transversal (Hillary Clinton sobre todo) dispuesta a arriesgar una guerra mundial, para defender la hegemonía americana fundamentada sobre el binomio financiarización/globalización; 2) que esta base incoherente y variada lo obligará a llevar adelante una política igualmente incoherente y contradictoria (por ejemplo dando marcha atrás en la globalización sin dejar de defender los intereses de la finanza global); 3) que para oponerse a su pseudo new deal autoritario los lobby liberal-imperiales lucharán (es la crónica de estos días) con el cuchillos entre los dientes, movilizando una ideología identitaria “enrocada tras el dogma y la inquisición de lo políticamente correcto, es decir una forma ideológica elitista que prefiere todo lo que es minoría, ya que las minorías no plantean desafíos fatales, mientras, si bien explotadas pueden minar aquellos propuestos por la mayoría. Minorías que por esa razón tienen que ser tuteladas por lobby que se erigen a sus representantes. Lobby de minorías incorporadas en un establishment dedicado a políticas elitistas”; 4) que una izquierda que quiera luchar tanto contra el globalismo a la Clinton como contra el trumpismo tendrá que surfear, con espíritu pragmático mas sin renunciar a los principios, la ola populista. Lo que nos lleva otra vez a los dilemas de Podemos.
Empecemos diciendo que Podemos es hoy objeto de una violenta campaña de agresión por parte de los medios de comunicación españoles, parecida a las que en todos los demás países occidentales se conducen contra la amenaza “populista”. Las comillas se imponen porque el término se utiliza de manera totalmente indiferenciada: populistas son Evo Morales y Marine Le Pen, Rafael Correa y Grillo, Trump y Podemos. Un aplastamiento que no es fruto de la incapacidad de análisis político; al contrario: refleja la nítida polarización formulada hace algunas semanas por el director del Wall Street Journal, que ha declarado que, de ahora en adelante, el enfrentamiento no será entre derecha e izquierda sino entre globalistas y antiglobalistas. Igualmente univoca la receta para enfrentarlos: construir grande coaliciones entre liberales y socialdemócratas para cerrarles el paso (coaliciones a las que tienen tendencia a arrimarse en posición subordinada esos partidos de izquierda “radical” que se dejan convencer por las élites liberales de la necesidad de encararse contra el peligro “fascista”). En España, como explica un artículo del diputado de Podemos Manolo Monereo, esta campaña se ha hecho histérica desde cuando Podemos ha elegido estrechar una alianza electoral con Izquierda Unida en lugar que con el PSOE. Por eso, visto que la primera opción ha sido sostenida por Pablo Iglesias y la segunda por Iñigo Errejón, y visto que las dos tesis se confrontarán nuevamente en la asamblea de Vistalegre, los medios de comunicación están entrando a saco en el debate precongresual con la esperanza de lograr romper el partido o, como segunda opción, reforzar en su interior la corriente encabezada por Errejón. Vayamos a los documentos.
El documento de Iglesias arranca de consideraciones análogas a aquellas planteadas anteriormente referidas a la fase histórica mundial: la globalización está entrando en crisis al son del surgimiento de nuevas resistencias y adversarios políticos: no solo los movimientos sociales, sino también los gobiernos guiados por fuerzas políticas soberanistas/progresistas que, sobre todo en América Latina, intentan devolver un rol estratégico al Estado en materia de política económica y persiguen programas de reformas radicales, mientras está en curso un reequilibrio de las relaciones de fuerzas geopolíticas debido a la emergencia de superpotencias viejas y nuevas, como Rusia y China. La crisis europea es parte integrante de semejante contexto: los efectos devastadores del proyecto ordoliberista (la elevación del Tratado de Maastricht a rango constitucional bajo la hegemonía alemana, la perdida de la soberanía monetaria con la consiguiente destronamiento de los gobiernos nacionales despojados del poder decisorio sobre temas estratégicos; el ataque a los salarios y al estado social; los recortes generalizados del gasto público; el sistema de los media “blindado” en apoyo del pensamiento único liberal etc.) generan una resistencia creciente de los pueblos europeos. En España el consenso, por mucho tiempo fundamentado en sectores sociales que aspiraban ser integrados en la clase media y alternativamente gestionado por democratacristianos y socialistas, se ha disuelto tras el estallido de la crisis global y frente a la “cura” que la UE ha impuesto a España y que ha producido desindustrialización y desocupación. Así nacieron los movimientos de masas que reivindicaban democracia y soberanía populares, provocando una auténtica crisis de régimen. En esta situación los principales medios de comunicación se hacen garantes de la continuidad de las opciones políticas liberales, favoreciendo el surgimiento de una gran coalición liberal socialdemócrata como en el modelo alemán. El documento pasa luego a reconstruir la breve historia de Podemos: nacido en el 2013/14 por iniciativa de un grupo de militantes de diferente proveniencia (movimientos estudiantiles, izquierda anticapitalista, ex comunistas, movimientos de base, etc.) inspirados en el ejemplo del “giro a la izquierda” que vieron muchos países latinoamericanos al construir experiencias populistas de izquierda, el partido lanzó un programa político que reclamaba el inicio de un proceso constituyente basado en reformas radicales: reconquista de la soberanía popular con la posibilidad de realizar una política económica redistributiva y recuperar los derechos sociales; reforma en sentido proporcional del sistema electoral, reforma de la justicia para aumentar su autonomía del sistema político; lucha contra el TTIP, lucha por la igualdad de género y por el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado español, etc. Programa que cosechó un amplio consenso entre los sectores populares y en las clases medias empobrecidas, permitiéndole conseguir importantes éxitos electorales. A continuación, Iglesias recuerda (y reivindica) el giro que dio el partido al escoger la alianza electoral con la izquierda radical de Izquierda Unida y la contraposición frontal al bloque de poder liberal -socialdemócrata. Recuerda que tal viraje se maduró tras un cerrado debate interno, en el que las bases rechazaron la opción (defendida por Errejón) de un acuerdo con el PSOE, eligiendo al contrario el camino de una alternativa radical al sistema de poder. Esta línea, que Iglesias se prepara a defender en la próxima asamblea general, se funda sobre la hipótesis de que la crisis política y económica no se está encaminando hacia la normalización, sino, al contrario, que está destinada a agravarse ulteriormente. La tarea de Podemos, entonces, no es la de proponer un plan alternativo de gobierno, sino la de construir un nuevo proyecto de país, manteniendo sólidamente unido un bloque social formado por sectores populares y clases medias. Para realizar este proyecto se hace necesaria una reforma de la organización del partido que, en la convulsa fase de crecimiento, se había concentrado en la construcción de una máquina electoral favoreciendo la concentración del poder decisorio en las manos de la cúpula. Ahora se trata de superar este modelo vertical reforzando tanto las estructuras de base que hunden sus raíces en los territorios, como promoviendo y acompañando el nacimiento de verdaderas instituciones de democracia popular, una red de contrapoderes que permita que las victorias sean percibidas como victorias de un bloque social más que como victorias de Podemos. En suma, si se quiere construir un modelo alternativo de País, el programa de este partido de nuevo tipo – que tiene que representar un proyecto compartido por identidades políticas, sociales y territoriales diversas- debe dar un salto cualitativo que el documento identifica con objetivos ambiciosos: instituir un control democrático (mediante la regulación pública y/o nacionalización) de los sectores productivos estratégicos y en particular de los sectores financieros, de la energía, de las comunicaciones; reindustrializar el país frente a su reducción a país prevalentemente turístico impuesto por la UE; comprometerse para conseguir la soberanía alimentaria; ofrecer apoyo a la pequeña y mediana empresa, al cooperativismo y a la economía social. El documento de Errejón dedica menos espacio al análisis de la fase histórica, en cuanto se concentra sobre todo en las relaciones de fuerzas entre los partidos, en las alianzas y en las perspectivas electorales, dando relativamente poco peso a los factores socioeconómicos. En particular, se tratan los siguientes temas: 1) análisis de los errores de Podemos que, según Errejón, habrían frenado el ascenso electoral; 2) máxima atención sobre la necesidad de transformar Podemos en fuerza de gobierno; 3) relanzamiento, con tal objetivo, de la hipótesis de alianza con el PSOE (y critica de la alianza con IU) ; 4) necesidad de reformar el partido, redimensionando el poder de la cúpula y “feminizándolo”; 5) desplazamiento del objetivo de construir un bloque social a aquel de “construir un pueblo” (ver, a tal propósito, el libro-dialogo entre Iñiigo Errejón y Chantal Mouffe, “Construir pueblo”), de lo que consigue la reformulación del conflicto social casi exclusivamente en los términos de la oposición arriba/abajo, pueblo/élite; 6) mucha atención para las expectativas de seguridad y orden de las clases medias. Miremos más en detalles este desarrollo. Para Errejón, Podemos encarna un ciclo de movilización que ha dicotomizado la sociedad española entre “gente común” y una casta privilegiada (se trata de la formulación “clásica” del fenómeno populista según las teorías de Ernesto Laclau). Por ende su vocación es la de construir una fuerza política de tipo nuevo (más allá de los dogmas de la izquierda tradicional) que persiga un cambio de poder en favor de las mayorías sociales (¡cambio de poder, no ruptura sistémica!). Para superar la estructura vertical actual (objetivo en el que concuerda también Iglesias, como hemos visto) Errejón propone una receta basada en los principios “clásicos” de la democracia parlamentaria burguesa y de sus partidos: división de poderes, distribución de los cargos en base a un criterio de “proporcionalidad” entre corrientes internas (cuya existencia se da por descontada como garantía de democracia). Para acabar, “feminización” del partido en observancia a lo que en Italia definiríamos principio de las cuotas rosa (punto sobre el que volveré más adelante, puesto que me parece relevante a la hora de evidenciar diferencias de perspectiva política entre los dos enfoques). Sobre el tema de las alianzas, Errejón es fuertemente crítico frente al acuerdo electoral con IU (al cual imputa el fallido crecimiento en la última vuelta electoral), mientras relanza la hipótesis de la alianza con el PSOE, en menosprecio de la trágica crisis de este partido y al hecho que las bases habían rechazado (ver documento Iglesias) tal idea. Por un lado, sostiene que si se hubiera planteado la relación con el PSOE en modo “laico” (implícita alusión a la hostilidad ideológica de las bases de izquierda hacia los socialistas) se habrían conseguido resultados más provechosos que los alcanzados con la línea de oposición frontal que se emprendió. Más allá de que esta tesis de por descontada la posibilidad de obligar al PSOE a adherir a una alianza de centroizquierda, es evidente que el resultado al que se hace alusión consiste en la posibilidad de que Podemos logre finalmente convertirse en fuerza de gobierno. Pero ¿a qué precio político? El documento, no en vano, omite las políticas llevadas por el PSOE en los años anteriores, es decir, sobre su plena conversión al credo neoliberal. Tal vez para no tener que admitir que un acuerdo con el PSOE implicaría un desplazamiento hacia el centro de Podemos con mucha más probabilidad que un desplazamiento a la izquierda de los socialistas. En este sentido, Errejón reitera su propia convicción de que, a la fuerza de las élites, no se puede contraponer la izquierda, sino “la mayoría heterogénea de quienes están abajo”. Sobre cuál sea la naturaleza de la mayoría heterogénea que tiene en su mente Errejón, nos ofrece un indicio su repetida referencia a la necesidad de facilitar la acogida de las exigencias de certidumbre, orden y seguridad de la gente: el “pueblo” en cuestión está conformado sobre todo por esas clases medias que confían poder recuperar las posiciones de privilegio perdidas a causa de la crisis, un pueblo que no hay que asustar contrayendo imprudentes alianzas con las clases subalternas. En síntesis, podríamos decir que estamos delante de un proyecto neo socialdemócrata, gracias al cual Podemos se encontraría comprometido a integrar, absorber y revitalizar a un partito socialista deslegitimado por haber entregado el País al saqueo del capital financiero global.
Como puede apreciarse la alternativa propuesta por los dos documentos es radical: por un lado tenemos la idea de que la crisis tiene como destino profundizarse en su gravedad y no requiere un simple cambio de política económica sino más bien un auténtico un vero e proprio cambio de civilización, por otro, la idea de que existe una posibilidad de “normalización” de la crisis mediante un cambio di gobierno y la adopción de medidas capaces de mitigar la dureza de la civilización neo liberal; por un lado tenemos la concepción de un proceso constituyente gestionado por nuevas instituciones de contrapoder popular y por un partido capacitado para guiar un bloque social integrado por las clases subordinadas y las clases medias empobrecidas, por otro lado la convicción de que es suficiente revitalizar las instituciones de la democracia representativa y refundar la socialdemocracia para devolver poder de decisión al pueblo. Se podría también decir que se encaran dos diferentes concepciones del concepto de hegemonía: la primera inspirada en la idea de bloque social de Gramsci, la segunda en la idea de pueblo de Laclau, dos concepciones que nos remiten a dos modelos diferentes de “socialismo del siglo XXI ” (no se olvide que tanto Iglesias como Errejón deben su propia formación política a la experiencia latinoamericana): por una parte el modelo de la revolución boliviana de Morales y Linera, por otra el modelo de la Revolución Ciudadana de Rafael Correa (la que, para entendernos, le gusta más a Grillo: si ganara Errejón, Podemos se asemejaría al Movimento 5 Stelle (M5S) bastante más de cuanto se le parece ahora).
Es también significativa la diferencia de actitud de los dos documentos en el tema de la paridad de género: ambos atribuyen una fundamental importancia a ese objetivo, sin embargo el documento de Errejón se refiere a él de forma casi obsesiva, evocando en modo reiterado el concepto de ”feminización” (del partido, de las instituciones, del programa, etc.). La duda que queda es que tanta insistencia sea explicable, más que como reconocimiento a la ideología feminista, como convergencia con la campaña global que el frente liberal está dirigiendo contra la amenaza populista, campaña en la que la ideología politically correct, los derechos civiles e individuales y la exaltación de todas las diferencias –ver referencia inicial– se movilizan activamente con el fin de impedir que la lucha para los derechos sociales vuelva a ocupar el centro del escenario.
En conclusión: es de auspiciar que la heterogeneidad de los dos bloques sociales y de las dos culturas políticas que hoy en día conviven en Podemos no provoquen una ruptura que sería desastrosa para el movimiento antineoliberal español, sin embargo, al menos desde el punto de vista de quien escribe, no es menos deseable que la unidad se mantenga bajo la hegemonía de la línea de Iglesias, a la que creo se pueda reprochar casi sólo la evidente incoherencia de cara al problema de Europa: la experiencia griega ha demostrado que el objetivo de reconquistar la soberanía popular en materia de democracia, bienestar y política económica no es compatible con la permanencia en la UE, incompatibilidad que, hasta el momento, ni siquiera Iglesias ha tenido el valor de reconocer.
Carlo Formenti es sociólogo, periodista, escritor y militante de la izquierda radica italiana. Colaborador de multitud de publicaciones, es autor de ensayos dedicados a temáticas políticas y sociales. Entre las más recientes: Incantati dalla Rete (2000); Mercanti di futuro (2002); Cybersoviet (2008); Felici e Sfruttati (2011); Utopie letali (2013). De particular interés es su último libro: La variante populista. Lotta di classe nel neoliberalismo. DeriveApprodi, 2016. (Roma) Traducción al castellano por Marco Rizzardini Texto completo en: http://www.lahaine.org/igramsci-o-laclau-los-dilemas
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2016.08.14 13:30 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 1 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Espartaco No. 45 Mayo de 2016
En la Declaración de principios y algunos elementos de programa, la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista) expone nuestra tarea de “construir partidos leninistas como secciones nacionales de una internacional centralista-democrática cuyo propósito es dirigir a la clase obrera a la victoria mediante revoluciones socialistas a través del mundo” (Spartacist [Edición en español] No. 29, agosto de 1998). Sólo mediante la toma del poder podrá el proletariado acabar con el capitalismo como sistema y abrir el camino hacia un mundo sin explotación ni opresión. Crucial para esta perspectiva es la lucha por la emancipación de la mujer, cuya opresión se remonta al comienzo de la propiedad privada y no podrá ser eliminada sin la abolición de la sociedad de clases.
La Declaración explica que nuestra meta en última instancia es la creación de una sociedad nueva, una sociedad comunista:
“La victoria del proletariado a escala mundial pondría una abundancia material inimaginable al servicio de las necesidades humanas, sentaría las bases para la eliminación de las clases sociales y la erradicación de la desigualdad social basada en el sexo, y la abolición misma del significado social de la raza, nacionalidad o etnia. Por primera vez, la humanidad tomará las riendas de la historia y controlará su propia creación, la sociedad, llevando a una emancipación jamás imaginada del potencial humano, y a una ola monumental de avance de la civilización. Sólo entonces será posible realizar el desarrollo libre de cada individuo como la condición para el desarro- llo libre de todos”.
La mayoría de las organizaciones que se hacían llamar marxistas solían aceptar la meta de una sociedad comunista, aunque no coincidieran en nada más. Pero desde el colapso de la Unión Soviética en 1991-1992 esto ya no es así. Sólo la LCI se adhiere a la perspectiva del comunismo mundial que expusieron por primera vez Karl Marx y Friedrich Engels.
Este clima ideológico de la “muerte del comunismo” ha llevado a que prevalezcan nociones falsas y estrechas de lo que es el marxismo. En la conciencia popular, el comunismo ha quedado reducido a la nivelación económica (igualdad en un nivel bajo de ingreso y de consumo) bajo la propiedad estatal de los recursos económicos. Por el contrario, la base material para el cumplimiento del programa marxista es la superación de la escasez económica mediante el aumento progresivo de la productividad del trabajo. Para realizarse plenamente, ello exige varias generaciones de desarrollo socialista basado en una economía colectivizada a escala mundial. Así, se desarrollará una sociedad en la que el estado (aparato coercitivo especial que defiende el orden de la clase dominante a través de destacamentos de hombres armados) se habrá extinguido, la filiación nacional habrá desaparecido y la institución de la familia —principal fuente de la opresión de la mujer— habrá sido remplazada por medios colectivos para cuidar y socializar a los niños y por la más amplia libertad en las relaciones sexuales.
El marxismo y la “naturaleza humana”
En el pasado, los intelectuales que consideraban semejante sociedad indeseable y/o imposible, no dejaban de reconocer que era eso lo que los marxistas llamaban comunismo. Por ejemplo, en El malestar en la cultura (1930), una exposición popular de su concepción del mundo, Sigmund Freud ofrece una breve crítica del comunismo. No hay evidencia de que haya estudiado las obras de Marx y Engels ni de que haya leído las de V.I. Lenin y otros líderes bolcheviques. Su comprensión (e incomprensión) del comunismo le era común a muchos intelectuales europeos y estadounidenses de su tiempo, independientemente de sus convicciones políticas.
Freud basaba su crítica del comunismo en el punto de vista de que “la tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano” y concluía que el proyecto comunista de una sociedad armoniosa contravenía la naturaleza humana:
“No me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente; pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las diferencias de poderío y de influencia que la agresividad aprovecha para sus propósitos; tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta... Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales, aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante. Si también se aboliera este privilegio, decretando la completa libertad de la vida sexual, suprimiendo, pues, la familia, célula germinal de la cultura, entonces, es verdad, sería imposible predecir qué nuevos caminos seguiría la evolución de ésta; pero cualesquiera que ellos fueren, podemos aceptar que las inagotables tendencias intrínsecas de la naturaleza humana tampoco dejarían de seguirlos”.
Freud entendía correctamente que en la visión comunista de la sociedad futura la familia se habrá extinguido y habrá una “completa libertad de la vida sexual”. La visión de Freud era incorrecta en tanto que los marxistas reconocen que la familia no puede simplemente abolirse; sus funciones necesarias, especialmente la crianza de la siguiente generación, deben ser remplazadas por medios socializados de cuidado infantil y trabajo doméstico.
Si bien Freud ya no tiene la autoridad ideológica que solía tener, la idea de que la “naturaleza humana” hace imposible un mundo comunista sigue siendo común, aunque los argumentos específicos puedan diferir. Los marxistas, en cambio, insistimos en que es la escasez material lo que da lugar a las salvajes reyertas por los recursos escasos. Es por ello que el comunismo es concebible sólo con un nivel sin precedentes de abundancia material, acompañado de un inmenso salto en el nivel cultural de la sociedad. Es la existencia de las clases, actualmente en la forma de un orden capitalista-imperialista obsoleto, lo que infesta a la sociedad humana con brutalidad y violencia. Como escribió el autor marxista Isaac Deutscher en “Sobre el hombre socialista” (1966): “utilizan el homo homini lupus [el hombre es el lobo del hombre] como grito de guerra contra el progreso y el socialismo y agitan al espantajo del eterno lupus humano en provecho del verdadero y sanguinario lupus del imperialismo contemporáneo”.
Para Freud, la “agresión innata” de las relaciones sexuales era el problema con la naturaleza humana. ¿Cuál es la realidad? La patología social asociada a lo que Freud percibía como rivalidad sexual tendría poca razón de ser en una sociedad comunal plenamente libre en la que la vida sexual fuera independiente del acceso al alimento, la vivienda, la educación y demás necesidades y comodidades cotidianas. Cuando la familia se haya extinguido junto con las clases y el estado, la crianza comunal que la remplace llevará a una nueva sicología y cultura entre la gente que crezca en esas condiciones. Los valores sociales patriarcales —“mi” mujer, “mis” hijos— se desvanecerán junto con el sistema opresivo que los genera. La relación de los niños entre sí y con las personas que les enseñan y guían serán multilaterales, complejas y dinámicas. Es la institución de la familia lo que ata al sexo y al amor a la propiedad, con todo lo que salga de la camisa de fuerza de la monogamia heterosexual considerado “pecado”.
La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
En las sociedades capitalistas avanzadas, como la estadounidense, podría pensarse que la gente lleva una vida complicada, más parecida a las presentadas en programas de televisión como Modern Family o Transparent que a la comedia de los años cincuenta Papá lo sabe todo. Sin embargo, las decisiones personales de la gente están constreñidas por la ley, la economía y los prejuicios de la sociedad de clases; esto es especialmente cierto en el caso de la clase obrera y los pobres. Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
Nuestros oponentes en la izquierda y la cacería de brujas antisexo
En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. Hace ya décadas que los estalinistas, con su dogma antimarxista del “socialismo en un solo país”, renunciaron al entendimiento de que era necesaria una sociedad socialista global para conseguir la plena liberación humana, incluyendo la de la mujer. Una consecuencia de ello fue la rehabilitación estalinista de la opresiva familia como un pilar “socialista”. En “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer” (Spartacist [Edición en español] No. 34, noviembre de 2006), tratamos esta cuestión a profundidad.
Hoy, otros supuestos marxistas, entre ellos algunos que afirman ser trotskistas, simplemente siguen la doctrina feminista liberal (burguesa) prevaleciente en cuanto a la liberación de la mujer, apoyando implícitamente a las instituciones de la familia y el estado burgués. Un ejemplo de ello lo dan las reacciones histéricas de nuestros oponentes ante nuestra defensa de los derechos de la North American Man/Boy Love Association (Asociación Norteamericana de Amor entre Hombres y Muchachos, NAMBLA), que está por la legalización del sexo consensual entre hombres y muchachos, así como de otros perseguidos por su “depravación” sexual. La LCI se ha opuesto consistentemente a la intervención del gobierno en la vida privada y exige derogar todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas” consensuales, como la prostitución, el consumo de drogas y la pornografía.
Los aullidos de muchos radicales y feministas contra NAMBLA expresan los “valores familiares” que impulsan los políticos e ideólogos burgueses. Durante décadas, la reacción antisexo patrocinada por el gobierno ha tomado varias formas: el prejuicio fanático antigay, una cacería de brujas contra los trabajadores de las guarderías, la prohibición de que se distribuyan entre adolescentes anticonceptivos e información sobre el control de la natalidad, y el encarcelamiento de “desviados”. Este asalto reaccionario estuvo acompañado por terrorismo extralegal, como las bombas en las clínicas de aborto. Gran parte de esta persecución busca fortalecer al estado burgués en su regulación de la población y difundir el pánico como una distracción de la verdadera brutalidad de la vida en esta sociedad retorcida, cruel, prejuiciosa y racista.
En artículos anteriores, hemos explorado algunas de las ambigüedades de la sexualidad en una sociedad donde las deformidades de la desigualdad de clase y de la opresión racial y sexual pueden producir mucho sufrimiento personal y cosas desagradables. Hemos afirmado que, mientras que el abuso infantil es un crimen horrendo y cruel, muchos encuentros sexuales ilegales son totalmente consensuales y no producen por sí mismos ningún daño. La mezcolanza deliberada de todo lo que vaya desde las caricias mutuas entre hermanos hasta la violación horrenda de un niño pequeño por parte de un adulto crea un clima social de histeria antisexo en el que los perpetradores de la violencia real contra los niños a menudo quedan impunes. Hemos señalado que las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos como el Homo sapiens claramente no encajan en la rígida monogamia heterosexual decretada por la moral burguesa.
Como medida básica de defensa frente a la persecución estatal de los jóvenes que quieren tener sexo (así sea sexting), nos oponemos a las reaccionarias leyes de la “edad de consentimiento”, con las que el estado decreta cierta edad arbitraria a partir de la cual permite el sexo, sin importarle que dicha edad cambie con el tiempo y varíe de un estado a otro en EE.UU. Al tratar esas cuestiones, nos ubicamos firmemente en oposición al estado capitalista y todos sus esfuerzos por reforzar y sostener el orden burgués explotador. Ésa es la aplicación, bajo las actuales circunstancias, de nuestra meta de la libertad sexual para todos, incluyendo a los niños y los adolescentes, en un futuro comunista. Esto tiene una importancia particular para los jóvenes adultos, de los que se espera que pasen los años que siguen a la pubertad bajo el yugo de la dependencia de sus padres. Llamamos por estipendios plenos para todos los estudiantes como parte de nuestro programa por una educación gratuita y de calidad para todos, para que los jóvenes puedan ser genuinamente independientes de sus familias.
Por el contrario, la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se niega a llamar por la abolición de las leyes de la edad de consentimiento actuales. En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [La juventud, la sexualidad y la izquierda], la dirigente de la ISO Sherry Wolf blande su pica contra el partidario de NAMBLA David Thorstad por ser “el más ardiente y añejo defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Wolf cita su propio libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation (Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT, Haymarket Books, 2009): “Un consentimiento genuino, libre de la desigualdad de poder, no puede dárselo un niño a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, las relaciones entre adultos y niños no son las de individuos iguales en lo emocional, lo físico, lo social ni lo económico. Los niños y los púberes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder para tomar decisiones realmente libres respecto a sus relaciones con adultos. Sin eso, no puede haber consentimiento genuino”.
¿“Decisiones realmente libres”? Pocas relaciones entre adultos cumplirían con esta definición de consentimiento. En los hechos, Wolf pone a los jóvenes menores de 18 años y a sus parejas a merced del estado burgués. El único principio guía para toda relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el acuerdo y entendimiento mutuo entre todas las partes involucradas— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual.
El que la ISO abandone a los jóvenes al opresivo status quo sexual refleja su acomodación a los prejuicios del orden capitalista y las actitudes atrasadas de la población en general. En última instancia, viene de la vieja oposición de la ISO a toda perspectiva de movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder y la creación de un estado obrero —la dictadura del proletariado— que abra el camino hacia una sociedad comunista. Para la ISO, el socialismo es más o menos la aplicación acumulada de la “democracia” a todos los sectores oprimidos, entre los cuales la clase obrera es simplemente uno más. La ISO procura presionar a los capitalistas para que reformen su sistema de explotación. Su perspectiva de la liberación de la mujer refleja la misma fe conmovedora en las fuerzas de la reforma.
Por qué los marxistas no somos feministas
Cosa interesante, en los últimos años la ISO ha estado discutiendo en las páginas de su periódico, el Socialist Worker, acerca de las teorías sobre la liberación de la mujer. Parece ser que su motivación es el deseo de abandonar su postura anterior de oposición al feminismo como una ideología burguesa, para poder adoptar activamente la etiqueta de feminista o “feminista socialista”. Por ejemplo, en una charla de la conferencia Social-ism de la ISO en 2013 (publicada en “Marxism, Feminism and the Fight for Liberation” [Marxismo, feminismo y la lucha por la liberación], socialistworker.org, 10 de julio de 2013), Abbie Bakan sugirió: “La afirmación teórica de que hay bases para un enfoque marxista coherente que esté por la ‘liberación de la mujer’, pero contra el ‘feminismo’, carece de sentido”. (Hasta marzo de ese año, Bakan había sido una destacada partidaria de los International Socialists [Socialistas Internacionales] de Canadá, primos políticos de la ISO.)
La reciente adopción teórica explícita por parte de la ISO del “feminismo socialista” no es más que otra cubierta para el mismo contenido liberal. Sin embargo, nos ofrece la oportunidad de reafirmar la vieja posición marxista respecto a la familia y enfatizar que la emancipación de la mujer es fundamental para la revolución socialista e inseparable de ella. Contra lo que dice la ideología feminista, la plena igualdad legal no basta para superar la opresión de la mujer, que está profundamente enraizada en la familia y la propiedad privada.
Como siempre hemos enfatizado, marxismo y feminismo son viejos enemigos políticos. Eso requiere una explicación. En Estados Unidos y otros lugares se ha vuelto común aplicar el término “feminista” a quienes piensan que hombres y mujeres deberían ser iguales. Sin embargo, al lidiar con la desigualdad, el feminismo acepta los confines de la sociedad capitalista existente. Como ideología, el feminismo nació a finales del siglo XIX, reflejando las aspiraciones de una capa de mujeres burguesas y pequeñoburguesas que reclamaban sus prerrogativas de clase: derecho a la propiedad y a la herencia, acceso a la educación y las profesiones, y derecho al voto. Los marxistas buscamos mucho más que esta limitada idea de “igualdad de género”.
Los marxistas reconocemos que la liberación de la mujer no puede ocurrir sin la liberación de toda la raza humana de la explotación y la opresión: ése es nuestro fin. Hace bastante más de un siglo August Bebel, el dirigente histórico del Partido Socialdemócrata de Alemania, lo explicó claramente en su libro La mujer y el socialismo (1879), un clásico marxista. Reeditada varias veces, esta obra fue leída por millones de obreros de distintas generaciones antes de la Primera Guerra Mundial. La riqueza de su visión de la emancipación de la mujer no puede hallarse en ninguno de los escritos de la ISO al respecto:
“[La mujer] elegirá para su actividad los terrenos que correspondan a sus deseos, inclinaciones y disposiciones y trabajará en las mismas condiciones que el hombre. Lo mismo que todavía será obrera práctica en cualquier oficio, durante otra parte del día será educadora, maestra, enfermera, y durante otra parte ejercitará cualquier arte o ciencia y cumplirá en una cuarta parte cualquier función administrativa”.
—La mujer y el socialismo (Ediciones de Cultura Popular, 1978)
Lo que es especialmente significativo de la descripción que hace Bebel de la naturaleza emancipadora del trabajo en la sociedad socialista es que se aplica igualmente a los hombres. Eso apunta al núcleo del motivo por el que marxismo y feminismo son mutuamente excluyentes y de hecho antagónicos. Los feministas consideran que la división básica de la sociedad es entre hombres y mujeres, mientras que los socialistas reconocemos que los obreros de ambos sexos deben luchar juntos para acabar con la opresión y la explotación que sufren por parte de la clase capitalista.
Marx desvirtuado
En su giro teórico a favor del “feminismo socialista”, la ISO está promoviendo el libro Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory (Marxismo y la opresión de la mujer: Hacia una teoría unitaria, Haymarket Books, 2013) de Lise Vogel. Publicado originalmente en 1983, el libro se reeditó como parte de la serie Historical Materialism con una introducción encomiástica de dos académicos canadienses partidarios del ultrarreformista New Socialist Group (Nuevo Grupo Socialista). Incluso hace 30 años, el medio “feminista socialista” al que se dirige Vogel ya se había disuelto en la nada. Pero, dado que Vogel pretende representar un polo marxista dentro del movimiento o corriente intelectual “socialfeminista”, hoy a la ISO le cuadra promover su libro.
En la sección introductoria del libro, Vogel se deslinda ecuánimemente tanto de los feministas no marxistas como de los marxistas no feministas. Se fija como su tarea principal analizar el carácter de la opresión de la mujer dentro de la estructura y dinámica del sistema económico capitalista. Su tratamiento de Marx y Engels es confuso, contradictorio y rimbombante. Se enfoca principalmente en la relación entre el trabajo doméstico y la reproducción generacional de la fuerza de trabajo. Para Vogel, la opresión de la mujer se reduce estrechamente al trabajo doméstico (no pagado). Afirmando explícitamente que “la categoría de ‘la familia’...es insuficiente como punto de partida analítico”, Vogel pasa por alto las cuestiones más amplias del papel de la familia en la opresión de la mujer y los niños y su importancia como sostén clave del orden capitalista. La familia sirve para atomizar a la clase obrera y propagar el individualismo burgués como barrera a la solidaridad de clase.
Su concepción estrecha de la opresión de la mujer no impide a Vogel calumniar a Engels como “determinista económico”. Simplemente deja de lado los aspectos culturales y sociales incluidos en la riqueza de los argumentos que Engels presenta en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Para tomar un ejemplo, Vogel se queja de que Engels “no vincula claramente el desarrollo de una esfera especial relacionada a la reproducción de la fuerza de trabajo con el surgimiento de la sociedad de clases o quizá la sociedad capitalista”. Aparentemente, esto significa que Engels no muestra cómo el surgimiento de la sociedad de clases llegó a pesar sobre el papel de la mujer en la crianza de los hijos. Esto simplemente no es verdad.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, Engels describe cómo la familia se originó en el neolítico cuando la sociedad se dividió en clases por vez primera. Apoyándose en la información disponible en aquella época, Engels se basó mucho en el trabajo pionero de Lewis Henry Morgan entre los iroqueses del norte del estado de Nueva York para entender las sociedades primitivas sin clases. Engels describió cómo la invención de la agricultura creó un excedente social que permitió, por primera vez, el desarrollo de una clase dominante ociosa que vivía del trabajo ajeno. La familia, específicamente la monogamia de la mujer, fue necesaria para asegurar la transmisión ordenada de la propiedad y el poder a los herederos del patriarca, la siguiente generación de la clase dominante. Si bien es mucho lo que se ha descubierto sobre las primeras etapas de la sociedad humana desde tiempos de Engels, su entendimiento fundamental ha resistido la prueba del tiempo.
Vogel no analiza la función social de la familia para la clase obrera bajo el capitalismo, donde sirve para criar a la siguiente generación de esclavos asalariados. En El capital, Marx explicó que el costo de la fuerza de trabajo está determinado por el costo de manutención y reproducción del obrero: sus gastos cotidianos, su capacitación y el sostén de su pareja y sus hijos. Para aumentar la ganancia, los capitalistas buscan bajar el costo del trabajo: no sólo de los salarios que pagan a los bolsillos de los obreros, sino también de los servicios como la educación y la salud públicas, que son necesarios para la manutención del proletariado.
El feminismo a veces critica algunos aspectos de la familia, pero en general sólo para quejarse de los “roles de género”, como si el problema fuera una discusión sobre el estilo de vida respecto a quién debe lavar los platos o darle al bebé su mamila. El problema es la institución de la familia, que integra a la gente a la sociedad desde la infancia de manera que acate ciertas normas, respete a la autoridad y desarrolle los hábitos de obediencia y deferencia que son tan útiles a la obtención de ganancias por parte de los capitalistas. La familia le es invaluable a la burguesía como reserva de pequeña propiedad privada y en algunos casos de pequeña producción, operando como freno ideológico a la conciencia social. Vogel pasa por alto estas cuestiones y se enfoca estrictamente en el “trabajo doméstico” no pagado de la mujer.
El fin último
La posición de Vogel es incluso más débil en lo que toca al fin último de la liberación de la mujer. Esto se ve especialmente en lo que no dice. Vogel divorcia la emancipación de la mujer de la superación de la escasez económica y del remplazo del trabajo enajenado —tanto en la fábrica como en el hogar— por el trabajo creativo y gratificante. Tanto el fin último de una sociedad comunista como los medios básicos para lograrlo quedan fuera de los confines intelectuales del “feminismo socialista” de Vogel.
Cuando Marx y Engels explicaron que suscribían un entendimiento materialista de la sociedad y del cambio social, no se referían sólo al capitalismo y las sociedades de clase anteriores (como el feudalismo). También proporcionaron un entendimiento materialista de la futura sociedad sin clases. De hecho, ésa era su diferencia fundamental con las principales corrientes socialistas de principios del siglo XIX —los owenistas, fourieristas y saint-simonianos— como las resumió Engels en Del socialismo utópico al socialismo científico (originalmente parte de su polémica de 1878, Anti-Dühring). Marx y Engels reconocían que una sociedad socialista —entendida como la etapa inicial del comunismo— requeriría un nivel de productividad del trabajo muy superior incluso a la de los países capitalistas más avanzados de hoy. Esto se logrará mediante una expansión continua del conocimiento científico y su aplicación tecnológica.
Vogel no comparte esa concepción. Esto queda particularmente claro en su análisis de los primeros años de la Rusia soviética. Expresando un gran aprecio del entendimiento que tenía Lenin de la opresión de la mujer y de su compromiso por superarla, cita con aprobación un discurso de 1919, “Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética”:
“Todas ustedes saben que incluso cuando las mujeres gozan de plenos derechos, en la práctica siguen esclavizadas, porque todas las tareas domésticas pesan sobre ellas. En la mayoría de los casos las tareas domésticas son el trabajo más improductivo, más embrutecedor y más arduo que pueda hacer una mujer. Es un trabajo extraordinariamente mezquino y no incluye nada que de algún modo pueda contribuir al desarrollo de la mujer.
“En la prosecución del ideal socialista, queremos luchar por la realización total del socialismo, y se abre aquí un amplio campo de acción para la mujer. Realizamos ahora serios preparativos a fin de desbrozar el terreno para la construcción del socialismo, pero la construcción del socialismo comenzará sólo cuando hayamos logrado la completa igualdad de la mujer, y cuando acometamos las nuevas tareas junto con la mujer, que habrá sido liberada del trabajo mezquino, embrutecedor, improductivo”.
Vogel presenta equivocadamente a Lenin como una voz solitaria clamando en el desierto e implica que el principal obstáculo para superar la opresión de la mujer en los primeros años de la Rusia soviética era ideológico: las generalizadas actitudes patriarcales entre los hombres de la clase obrera y el campesinado combinadas con una supuesta indiferencia por la liberación de la mujer entre los cuadros, mayoritariamente varones, del Partido Bolchevique. Vogel escribe:
“Los señalamientos de Lenin respecto al machismo nunca tomaron forma programática, y la campaña contra el atraso ideológico masculino nunca pasó de ser un tema menor en la práctica bolchevique. Sin embargo, sus observaciones sobre el problema representaron una admisión extremadamente inusual de la seriedad del mismo... Las contribuciones teóricas de Lenin no lograron dejar una impresión duradera”.
De hecho, el gobierno soviético realizó enormes esfuerzos para aliviar a la mujer obrera de la carga del trabajo doméstico y la crianza de niños mediante el establecimiento de cocinas comunales, lavanderías, guarderías, etc. Tanto los bolcheviques como la Internacional Comunista establecieron departamentos especiales para el trabajo entre las mujeres. Durante los primeros años del estado obrero soviético, el Zhenotdel estuvo activo tanto en las regiones europeas como en las del Asia Central.
Los límites de las medidas liberadoras del gobierno comunista bajo V.I. Lenin y León Trotsky no fueron ideológicos, sino producto de condiciones objetivas: la pobreza de recursos materiales, agravada por años de guerra imperialista y guerra civil. En un ensayo de 1923 titulado “De la vieja a la nueva familia”, incluido en la compilación de 1924 Problemas de la vida cotidiana (una obra que Vogel no menciona siquiera), Trotsky explicó:
“En principio, la preparación material de las condiciones para un nuevo modo de vida y una nueva familia no puede separarse tampoco del trabajo de la construcción socialista. El estado de los trabajadores necesita mayor prosperidad con el fin de que le sea posible tomar seriamente en sus manos la educación pública de los niños y aliviar asimismo a la familia de los cuidados de la limpieza y la cocina. La socialización de la familia, del manejo de la casa y de la educación de los niños no será posible sin una notable mejoría de toda nuestra economía. Necesitamos una mayor proporción de formas económicas socialistas. Sólo bajo tales condiciones, podremos liberar a la familia de las funciones y cuidados que actualmente la oprimen y desintegran. El lavado debe estar a cargo de una lavandería pública, la alimentación a cargo de comedores públicos, la confección del vestido debe realizarse en los talleres. Los niños deben ser educados por excelentes maestros pagados por el estado y que tengan una real vocación para su trabajo”.
La escasez material fue fuente de otro ámbito importante de desigualdad entre los hombres y las mujeres en los primeros años de la Rusia soviética (y por extensión en todo estado obrero económicamente atrasado). Se trata de la escasez de la mano de obra altamente calificada que requiere conocimientos y capacidades técnicas avanzados. A los obreros industriales calificados y los miembros de la intelectualidad técnica (ingenieros, arquitectos, etc.) había que pagarles salarios más altos que a los obreros no calificados, aunque la diferencia era mucho menor que en los países capitalistas. Este sector mejor pagado de la fuerza de trabajo, heredado del pequeño sector capitalista moderno de la Rusia zarista, era predominantemente masculino. Aunque se hicieron esfuerzos dirigidos a corregir esto, al joven estado obrero le faltaban los recursos materiales para educar y entrenar a las mujeres para que se volvieran maquinistas e ingenieras en cantidades suficientes a fin de superar el predominio masculino del trabajo calificado.
El libro de Vogel concluye con una proyección de cómo será la transición al comunismo tras el derrocamiento del capitalismo:
“Ante la terrible realidad de la opresión de la mujer, los socialistas utópicos del siglo XIX llamaron por la abolición de la familia. Todavía hoy, su drástica exigencia sigue teniendo adeptos entre los socialistas. En cambio, el materialismo histórico plantea la difícil cuestión de reducir y redistribuir simultáneamente el trabajo doméstico conforme éste se va transformando en un componente integral de la producción social en la sociedad comunista. Así como en la transición socialista ‘el estado no es “abolido”, sino que se extingue’, así también el trabajo doméstico debe extinguirse. Por lo tanto, durante la transición al comunismo una administración adecuada del trabajo doméstico y el trabajo femenino será un problema clave de la sociedad socialista, pues sólo sobre esta base pueden establecerse y conservarse las condiciones económicas, políticas e ideológicas de la verdadera liberación de la mujer. En el proceso, la familia, en su forma histórica particular como una unidad social basada en el parentesco para la reproducción de fuerza de trabajo explotable en la sociedad de clases, también se extinguirá, y con ella tanto las relaciones familiares patriarcales como la opresión de la mujer” [énfasis en el original].
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.05.11 17:12 ErichRS Can anyone help edit my critical self reflection?

Hi all. I am in the process of writing a 2500 word critical self reflection. The writing itself is nothing amazing, but I am trying my hardest to fix all of my grammatical mistakes and awkward phrasing. If someone could help me by reading through what I have so far, it would be greatly appreciated.
Llegando a universidad, yo tenía un estigma negativo asociado con el feminismo. Yo, un hombre, pensé que no necesitaba el feminismo y que igualdad de género ya había logrado. Yo pensé que las mujeres entraron al mano de obra, y salían de la casa. Esto era lo que el feminismo significado para mí, pero con tiempo, abrí mis ojos y yo empecé a aprender lo que el feminismo estaba tratando de lograr. En este ensayo, voy a argumentar que el medio se presenta el feminismo en el público en una manera que es exclusivo y provoca el distanciamiento de muchas comunidades. Yo hago este argumento para demostrar que a pesar de este, el feminismo es mucho más que su representación en redes sociales y la red en general. Los consecuencias de esta demostración será para revelar que el medio cambia su tono sobre el feminismo, será más inclusivo e útil para todos. También se verá como algo que todo el mundo puede beneficiarse de y ser parte de. Yo recuerdo cuando estaba expuesto al feminismo moderno. Yo tenía alrededor de 13 años, y era nuevo a usando el internet. Yo aleatoriamente encontré que critica el feminismo. Hasta ahora, yo pensaba que era algo que era parte de historia, y no era un movimiento en desarrollo. Me pareció que los chistes eran cómicos, y pronto me reía y animaría a los chistes. Yo no conocía a ninguna feminista, y me parecían como mujeres locas. Yo dije a mí mismo, las mujeres están en control de sus vidas, ?por qué tanta gente piensa que no son iguales? Si quieren recibir una educación, ellas pueden. Pueden aplicarse a los mismos trabajos que los hombres. Si quieren divorciarse, ellas pueden. Yo permití el internet y el medio me engañan - y pensé que el feminismo era un movimiento radical e inútil. Aquí es un ejemplo de lo que estoy hablando: A la edad de 13 yo estaba, por supuesto, impressionable. Los memes como este tenían control sobre mis opiniones. Yo pensé que el internet es culpable de controlar mucha gente a través propaganda. Miro a estos memes ahora y me di cuenta que tienen consecuencias horribles. Memes utilizan estereotipos para promover el odio. Este meme en particular usa varios estereotipos para lograr esto. El uso de una mujer que no es ideal de la sociedad (sobrepeso y pelo corto), perpetúa los estereotipos. Permiten mucha gente pensar que todos los feministas son sobrepesos, rebeldes lesbianas. La verdad es que hay un montón de mujeres que no se ajustan a estos estereotipos. Además, no hay nada malo ser una persona sobrepeso. El cuerpo de mujeres es siempre esta siendo atacado. La aparición de alguien no tiene nada que ver con la cuestión de la igualdad de géneros. No fue hasta que llegue a Stony Brook que yo empecé a educarme. Me interesé en los estudios feministas después de mi prima salio como transgénero e identificó como hombre. Me sorprendió, entonces le preguntó qué le hizo de esta manera. Me dijo que había nacido así. Nunca había cuestionado mi género, entonces era difícil entender. Yo quería ser comprensivo, pero yo no sabía qué decir o hacer. Cuando mis padres se enteraron de que iba a convertirse, ellos estaban indignados. Todos los miembros en mi familia lo manejó diferentemente.Necesité tiempo para reflexionar sobre mis sentimientos. Después de algunos días, tomé la decisión de educarme. Empecé a tomar un curso llamado las historias del feminismo. Este curso fue mucho más que información historical - era una introducción al verdadero significado del feminismo. Aprendimos sobre cómo las mujeres han sido sistemáticamente oprimidos por sociedad. No solo eso, pero los hombres también han sido oprimidos por sociedad de muchas maneras. Estudiamos el feminismo en una manera que incluyó los hombres como víctimas de sociedad también. Esto me llamó mi atención porque yo nunca estaba expuesto al verdadero significado de feminismo. Un dia en clase, mi profesora usó un ejemplo de cómo los niños se enseñan a ser fuerte. Niños no deben llorar, tienen que ser resiliente. Esta lección me habló porque me recordó a mi propia infancia. Desde mi juventud, mis padres me tratan mi hermana y yo diferentemente. Aunque no era expresado, tenían rígidas reglas de cómo criar a sus hijos. Mis padres son tradicionales y conservativos, entonces creen que los niños y niñas necesitan crecen en maneras diferentes. Mi hermana tenía que actuar como una dama. Las formas en que se nos enseñó a actuar eran completamente opuestos.
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